Afrontando el Reto Negociador

A mi buen amigo Ricardo Vega, quienes tuvimos el placer de conocerte jamás te olvidaremos, Q. E. P. D.

A propósito del proceso de negociación con la guerrilla de las FARC en La Habana, Cuba, comienzo esta columna citando uno de los textos del maestro ensayista, poeta y novelista William Ospina, que provocó una vez más mi reflexión sobre este tema. “…y hasta el viaje por Europa de los delegados del gobierno y de la guerrilla, significan una sola cosa, que el gobierno ve los insurgentes interlocutores en una perspectiva política. El ejército, que tiene el deber de enfrentarlos y que padece sus agresiones continuas, sigue tratándolos como bandidos, y hablando de malhechores dados de baja, como si no existieran los diálogos y como si no se hubiera dado ese reconocimiento desde el gobierno, pero ello es también consecuencia de esa doble cara de la guerra, y la ciudadanía no deja de ver con asombro que los mismos bandos (…) siguen combatiendo sin misericordia fuera de allí”.[1]

Las líneas anteriores reflejan y sintetizan, en mi opinión, la realidad de lo que está sucediendo en Cuba. El presidente Juan Manuel Santos, en un acto coherente con la realidad y las necesidades del país, reconoció que en Colombia sí hay un conflicto armado al proclamar la Ley 1448 de 2011 conocida como Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Hecho que simultáneamente representó un cambio en el lenguaje con el que el gobierno se refiere a la guerrilla de las FARC, que pasaron de ser terroristas a actores de un conflicto armado interno y posteriormente interlocutores en la mesa de negociaciones. Desconocer esta realidad, como se hizo durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, es ignorar a las millones de víctimas que ha generado este conflicto.

Ahora bien, esta columna no surge tanto del contenido del párrafo citado como del contexto político en medio del cual fue escrito. Podría sorprenderse el lector al descubrir que dichas líneas fueron escritas en el año 2001, refiriéndose al fallido proceso de negociación en San Vicente del Caguán; recordando tal como lo plasmó nuestro único Premio Nobel hasta el momento en su más reconocida obra, que vivimos en el país del realismo mágico, donde las situaciones, aunque protagonizados por distintos actores que se suceden por generaciones, son recurrentes.

Sin embargo, lo anterior no quiere decir que el actual proceso esté igualmente condenado al fracaso. Cabe recordar que hoy en día contamos con una serie de condiciones que permiten tener mayores esperanzas en este proceso que en los anteriores. Por ejemplo, las negociaciones durante el gobierno de Belisario Betancur, aunque se pensaron, no fueron posibles debido al contexto internacional, donde la guerra fría aún presentaba dos superpotencias rivales como lo eran la Unión Soviética y los Estados Unidos, y detrás de esto se mostraba la posibilidad de adoptar uno de los dos modelos económicos opuestos, el Comunismo y el Capitalismo.

En la época de Pastrana, el Comunismo probó no ser un modelo económico sostenible y eso posibilitó aún más las negociaciones, esta doctrina hoy en día es solo un fantasma, que genera temor a más de uno que ignora que no existe un solo Estado puramente comunista y que aquellos que implementaron el socialismo, gradualmente han adoptado los principios de la economía de mercado. Ni siquiera la izquierda colombiana es una izquierda en búsqueda de la implementación de dicho modelo económico, sino es una izquierda que se declara socialista del siglo XXI, cuyos fines principales no son el cambio de un modelo económico por otro, sino el logro de una serie de reivindicaciones sociales y la protección de los derechos humanos.

Pero dicho proceso de paz falló debido a que la misma guerrilla contaba con figuras opuestas a una salida negociada al conflicto armado dentro de sus filas como el líder guerrillero alias Mono Jojoy. Por otra parte, existían sectores de ultra derecha que se opusieron a una negociación con la guerrilla y aún se oponen cambiando su discurso, pues a lo que antes se le llamaba comunismo ahora se le denomina Castro-Chavizmo.

Entonces, ¿por qué creer en el actual proceso de paz? Porque además de contar con todas las condiciones que posibilitaron los diálogos del Caguán, la guerrilla durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos han padecido los mayores golpes militares a su estructura, dejándolas debilitadas (pero no acabadas). Así mismo, porque las grandes manifestaciones sociales de rechazo a las FARC como la movilización “un millón de voces contra las FARC” demostraron el rechazo general del pueblo colombiano hacia esta guerrilla y sus prácticas de combate. Y también porque este proceso de negociación es más serio y en La Habana no se discute nada que no se encuentre dentro de los puntos pactados en la etapa previa a la mesa de negociaciones.

A manera de conclusión cito nuevamente a Ospina, lamentando que las FARC y los mismos colombianos hayamos desperdiciado aquella ocasión y por lo tanto hayamos tenido que padecer una década más de guerra, con todo lo que ella implica y con la esperanza de que la oportunidad no sea nuevamente desaprovechada.

“Quienes predican en cambio la guerra total, que sin lugar a dudas es la otra posibilidad de poner fin a la guerra, tal vez no calculan lo infinitamente más costoso que sería ese camino, no solo en vidas humanas y en sufrimientos de todo tipo sino en destrucción de la riqueza nacional, en daños al ecosistema y en perpetuación de la cadena de las venganzas, que siempre hizo que en Colombia cada guerra engendrara la siguiente”.[2]

Adenda.

El hecho de que el ex presidente Álvaro Uribe Vélez haya revelado el inicio de las negociaciones con la guerrilla de las FARC antes que el mismo gobierno, que Francisco Santos haya revelado los puntos de la agenda de negociación en La Habana antes que el mismo gobierno, que el senador Robledo haya denunciado ser interceptado por uno de los ministros del gobierno Santos, que el ex presidente Uribe haya revelado coordenadas en las que el ejército suspendió actividades y por último el escándalo revelado por la Revista Semana sobre interceptaciones a los negociadores del proceso de paz, son suficientes focos de alerta para abrir nuevamente el debate sobre las interceptaciones legales o ilegales sin importar de donde provengan.

Así mismo, estos hechos dejan en el ambiente la sospecha de que ciertos sectores del Ejército Nacional aún proveen de información al mencionado ex presidente.

Por Andrés Santana: @Andressantana55


[1] Ospina, W. (2001). Lo que se gesta en Colombia (1ra Ed.). Medellín: Todográficas Ltda. Págs. 61 – 62.

[2] Ospina, W. (2001). Lo que se gesta en Colombia (1ra Ed.). Medellín: Todográficas Ltda. Págs. 69.