Apoyemos nuestra tradición cafetera

Arábica o turco, robusta o canephora, son las especies de café comerciales más importantes del mundo, desde su nivel de cafeína y tamaño del grano, hasta su olor y color, este commodity se ha vuelto fundamental en el comercio internacional.

El actual problema que presenta Colombia, uno de los grandes jugadores mundiales de las exportaciones de café, es la pérdida de competitividad en sus procesos productivos. Mientras que en 1993 Colombia exportaba más de 17 millones de sacos de café, en 2012 exportó menos de 8 millones. El precio ha descendido drásticamente en más del 50%, desde los USD$3 en abril de 2011 hasta los USD$1,37 en marzo de 2013. En diciembre de 2011 la carga, equivalente a 125 kilogramos de café, tenía un costo de alrededor de COP$1.100.000 (US$605), en febrero de 2012 la carga se vendió por menos de COP$650.000 (US$357) y en febrero de 2013 el precio fue de COP$502.000 (US$281). La tasa de cambio se ha revaluado en más del 7% desde el 2011, afectando los márgenes de ganancia de los exportadores.

Las difíciles condiciones financieras de los caficultores se ven amenazadas por la imposibilidad de cumplir con sus deudas adquiridas en el corto plazo, razón por la cual el gobierno colombiano decidió aportar una ayuda de COP $145.000 por carga de café, después de 8 días de paro cafetero y un billón de pesos en pérdidas para el país.

El problema fundamental en esta coyuntura no se limita a la revaluación de la tasa de cambio ni a las ayudas fiscales, estos son acontecimientos externos que afectan a cualquier producto nacional y que no pueden controlarse en los procesos productivos de la empresa. Es importante mejorar la cultura de cobertura cambiaria en el mercado a través de mecanismos financieros como los forwards o futuros, los cuales permiten cubrirse de la volatilidad de la tasa de cambio y no depender de una tasa representativa a la hora de hacer efectivo el reintegro de los dólares producto de la exportación. Debemos aprovechar las ventajas comparativas que nos brinda la diversidad de suelos de nuestro país y la ventaja competitiva de una mentalidad emprendedora de los colombianos, para generar productos con valor agregado, como los dulces de café de México que se están posicionando en ese mercado.

Es el momento de que todos defendamos una cultura cafetera de tradición, utilizando herramientas financieras de cobertura e implementando estrategias gerenciales para conseguir diferenciación tanto en nuestros productos como procesos y así competir con países como Vietnam, Ecuador y Costa Rica en la penetración de nuevos mercados.

Por Christian Guevara: @guevaratellez