Canonización de los saberes económicos: una fe promulgada

Durante las últimas semanas del mes de Abril del presente año, una noticia en particular ha llamado la atención de muchos economistas e investigadores sociales. La difusión sobre un error en los cálculos de una hoja de Excel, puso en duda los planteamientos de dos importantes economistas de la Universidad de Harvard: Carmen Reinhart y Ken Rogoff, quienes para el año 2010 publicaron el artículo “Growth in a time of debt”. Allí, apoyaban los planes de austeridad mediante el hallazgo de un punto de inflexión, que correspondía a un nivel de deuda de 90% del Producto Interno Bruto, es decir, que si la deuda supera ese nivel, el crecimiento económico se reducirá de forma sustancial.

El error fue descubierto por un estudiante de doctorado de la Universidad de Massachusetts Amherst, quien al realizar una tarea de réplica de resultados de un artículo académico, no encontró las mismas deducciones a las que habían llegado los prestigiosos profesores de Harvard. Muchos autores destacados han hecho alusión a este tema. Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, sitúa este tema como “el fiasco de Reinhart y Rogoff en el contexto más amplio de la obsesión por la austeridad: el evidentemente intenso deseo de los legisladores, políticos y expertos de todo el mundo occidental de dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales”. (Krugman, Abril 2013).

La fe puesta en los estudios económicos se extiende por todos los continentes, muchas investigaciones en el área de la Ciencia Económica no se cuestionan, se asume una canonización del conocimiento, en la medida que se pretenden establecer como verdades absolutas. Colombia no ha sido ajena a este tema, para ilustrar basta con analizar los argumentos de los legisladores colombianos al tomar decisiones. Un ejemplo claro fueron las declaraciones de Ricardo Ortega, prestigioso economista y actual director de la DIAN, quien afirmó en una reunión con los estudiantes del Sena que el impuesto CREE en la reforma tributaria, se elaboró arbitrariamente y debía ser el 8% porque su experiencia de más de treinta años le daba autoridad para inventarse esta cifra.[1]

Los anteriores hechos no se pueden pasar por alto, ya que de estas investigaciones dependen decisiones importantes para la sociedad. En esta área específica del conocimiento, si bien no se pueden realizar experimentos puros como en las Ciencias Naturales, la enajenación de los saberes debe implementarse, es decir, el investigador social debe tratar en lo posible de separar su ideología de los resultados. Para esto, es importante el escrutinio público abierto y honesto, que permita definir un consenso lo más acertado posible.

Debe ser entonces, compromiso de los estudiantes y los docentes no dejar pasar los trabajos de investigación como verdades absolutas que se apoyan en medio del furor y el prestigio de quienes las presentan, sino hacer valer su posición de interlocutores competentes que mediante el proceso de discusión racional logran superar las diferencias para que los saberes económicos se construyan a partir de la inter-subjetividad calificada y no de las creencias injustificadas de algunos pocos.

 

Por Laura Urrego

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[1] http://www.youtube.com/watch?v=U5PF1E0fnKw