Crítica al pensamiento colombiano

A propósito del proceso de paz, la pregunta que nos debemos hacer todos es si Colombia realmente es una sociedad preparada para la paz. Las noticias con las que nos bombardean a diario los medios de comunicación (incluido éste) parecieran indicarnos que no es así; con esto no quiero decir que la culpa sea de los medios, la culpa es nuestra por permitir que se propicien ese tipo de noticias e incluso adquirimos cierto grado de complicidad al ignorarlas. Es precisamente en eso en lo que nos convertimos día tras día, en ignorantes, ignorantes de nuestra realidad, ciudadanos sin memoria, nacionalistas sin recuerdos de un pasado absurdo y glorificado, personas con ínfulas a pesar de su propia realidad, a pesar de nosotros mismos.

Históricamente hemos sido un país segregador, intolerante e intransigente. Antes nos matábamos por la religión, el bipartidismo, el comunismo, perseguimos a aquellos que pensaban diferente y hasta asesinamos a algunos. Luego a otros no nos pareció justa la negación de oportunidades y participación en la toma de decisiones del país y creamos guerrillas para defendernos e incluso secuestramos a acaudalados terratenientes o empresarios, con la aprobación hasta de quienes no tomaron las armas, porque solo se secuestraba a los que culpamos de nuestras desgracias, nos justificamos y nos justificaron. Ciegos y polarizados hasta olvidamos los derechos humanos que tanto defendemos hoy y aun así decimos “Colombia somos todos”.

Luego nos matamos por las guerrillas, los paramilitares, el narcotráfico, el otrora justificado secuestro ahora rechazado por todos, el aborto, la homosexualidad, entre otros. Todos ellos debates convertidos en perpetuadores de la violencia en el país. Es probable que muchos lectores no recuerden que hace unos meses el tema que tenía a la mayoría dando su opinión era alguno de estos, porque así somos, nos concentramos en el presente como si el pasado no importara o no existiera. Desmemoriados e irresponsables de nuestras palabras y actos.

Recientemente celebramos la aprobación de una ley que judicializa a quienes conduciendo les sea detectado cierto grado de alcohol en la sangre, sin pensar que perdimos parte de nuestra libertad dada la rigidez de esta ley. Esto no significa que no esté de acuerdo con dicha ley, a mi parecer esto solo es una muestra más de la incapacidad de nuestra sociedad para autorregularse, que sin una legislación que imponga sanciones “convivimos” bajo ninguna regla, sin convivir en realidad. Nos falta educación, los colombianos no pensamos que conducir ebrios, robar o asesinar, es igual de grave porque se está violando una norma y por tanto amerita un castigo. No entendemos que para convivir, en el completo sentido de la palabra, debemos respetar nuestra legislación sin importar lo absurda que pueda parecer y aún no comprendemos que la única forma de cambiar nuestras normas no es violándolas, es votando bien.

No obstante nunca es tarde para que esta sociedad cambie para bien, todos podemos cambiar, es necesario adquirir más conciencia de nuestros actos, ser más responsables, racionales y reflexivos, educarnos más y mejor. Es un grave error olvidar que somos resultado de los actos de generaciones pasadas, pero peor sería ignorar que las futuras generaciones serán resultado de nuestros actos, nuestro tiempo es ahora si no queremos ser una generación perdida o la pérdida de otras generaciones.

 
Por Andrés Santana: @Andressantana55