De colonia, a Colombia

 

Aunque Colombia se independizó hace más de 200 años, aún existen elementos propios de la colonia y del régimen realista presentes en el discurrir cotidiano del país. Si bien esto podría parecer inofensivo, en realidad se corresponde y da cuenta de muchos de los problemas históricos de nuestra nación.

En primer lugar, en Colombia y especialmente en Bogotá, existe una obsesión y un orgullo por el castellano “bien hablado” de la ciudad, lo cual se ha traducido en la idea de que aquí se habla el mejor español del mundo: sin acento, ni errores gramaticales. Ahora bien, podría pensarse que esta obsesión se relaciona con la discriminación que históricamente se dio desde Bogotá hacia las otras regiones (pues éstas se consideraban como poco educadas por su deficiente calidad de español hablado), y puede así explicar en parte la deficiente integración regional que aún hoy en día subsiste en el país.

En segundo lugar, históricamente en Colombia la figura de la primera dama, lejos de ser un elemento netamente accesorio, como en otros países, toma una relevancia notoria; tanto a nivel nacional como regional tiene su propio despacho y lleva a cabo proyectos ejecutivos. La razón para esto, es que en la configuración política del país se ha gestado la idea de que por ser esposa de un gobernante, se tiene derecho a gobernar. Este elemento se asocia con la idea de que la larga tradición democrática de Colombia es una ficción (pues muchos de los gobernantes no se eligen democráticamente sino mediante mecanismos subsidiarios), noción que fundamentó el surgimiento de muchos de los movimientos armados que flagelan hoy al país y que inicialmente buscaban por medio de la lucha armada tener la viabilidad política que el país no les daba.

Por último, en nuestro país existe y ha existido una excesiva formalidad en las maneras que rigen la vida administrativa y jurídica del país, pues los procedimientos son extremadamente rígidos y burocráticos. Esto ha hecho que se creen múltiples mecanismos para evitar dichos procedimientos, lo cual ha desencadenado problemas de corrupción, fraude, etc.

De esta forma, vemos que algunos de los problemas que tiene Colombia y que dificultan su desarrollo progresivo e incluyente se corresponden con elementos cotidianos coincidentes con valores coloniales y realistas. No obstante, el cambio de estos elementos y subsecuente solución de los problemas que desencadenan, es sumamente complicado en cuanto requiere una reorganización cultural a gran escala, la cual enfrentaría muchos detractores pues implicaría “una pérdida de nuestros valores”.