¿Debemos escuchar a Petro y frenar los Megacolegios?

 

Los economistas también saben imponer modas, uno de ellos, el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, impuso la moda “mega” en el país. Peñalosa creó megacolegios y megabibliotecas. También creó alamedas, ciclorutas, parques y sistema de transporte masivo que también podrían denominarse “mega”. Y es que el “mega” de Peñalosa consiste en la construcción de infraestructura de gran capacidad que además tenga un impacto urbanístico notable en donde se construyen. En Colombia primaba la sobriedad ante todo, construir para lograr funcionalidad al menor costo posible. Ahora la huella de su alcaldía se ve por toda Bogotá y además en todo el país. A pesar de ser un pésimo político, en mi concepto* es de los que más impacto ha tenido sobre el ideal de ciudad en Colombia y mucho más allá. Otro economista, el acalde Gustavo Petro, está dispuesto a terminar esta moda, en particular, afirmó que no iba a construir más megacolegios. Si bien otra moda imperante es atacar al gobernante de turno, lo cuál suele ser especialmente fácil con el actual, quizás esta vez valga la pena ponerle cuidado.

La racionalidad del modelo de Peñalosa es clara: una inversión grande para conseguir objetivos más grandes. Un proyecto para pavimentar un camino no sólo debe servir para que los carros pasen más fácilmente, debe ser una oportunidad para generar un entorno urbanístico apropiado que sea amigable con los ciudadanos y eventualmente mejorar la competitividad de la ciudad. Petro tiene una visión más clásica: el objetivo es el camino, así que hagamos el camino que es lo urgente y asignemos los recursos escasos a otras prioridades. ¿Pero por qué fue tan exitoso el modelo de Peñalosa en Colombia? Sin entrar a demostrarlo, es fácil pensar que hacer un colegio es un buen negocio en términos políticos. Así sea de izquierda, centro o derecha, construir una escuela es siempre bien visto por los electores; es un sinónimo de ser un líder que piensa en el futuro. Pero además, hacer un megacolegio tiene algo adicional: contratos multimillonarios generalmente fáciles de financiar con regalías. No hay que hacer mucho esfuerzo para encontrar quejas al respecto en la prensa, y no sólo las usuales de FECODE**, quejas de verdad. Y no necesariamente es apropiación de recursos, por ejemplo, en Santa Marta se han dado debates sobre cómo los megacolegios no han generado más cupos sino más bien han absorbido estudiantes de otras instituciones públicas. En muchos otros casos se escuchan elefantes blancos y otras expresiones que siempre terminan en lo mismo: despilfarro de recursos. En ese sentido vale la pena escuchar al Alcalde mayor y pensar si vale la pena seguir promoviendo a nivel nacional esta clase de instituciones educativas.

Ahora, volvamos al mainstream. ¿Qué tan buenos son los argumentos del alcalde? Si bien hay estudios que tratan de analizar el efecto del tamaño del colegio en el rendimiento, es poco lo que se puede asegurar. Los argumentos sobre la capacidad de atender estudiantes de forma “personalizada” son fácilmente rebatibles: el problema no es que el colegio sea grande, sino que hay muy pocos profesores para el número de estudiantes. De hecho, si corremos una regresión de los resultados de ICFES de matemáticas contra la matrícula del colegio, la correlación es positiva y significativa. Para 2008, se podría leer así: 1000 estudiantes adicionales de matrícula están asociados a un puntaje de 0.45 puntos de más. Esto no es una relación causal, pero sí nos dice que es muy poco lo que el tamaño per se de la institución tiene que ver con el rendimiento. Más aún, el signo tiene sentido: un colegio más grande puede implicar economías de escala en la utilización de recursos educativos. La diferencia al final es buscar medios para utilizar de forma más efectiva estas enormes y modernas infraestructuras, en eso la investigación en pedagogía debe avanzar.

Finalmente, ¿qué hacer si no se hacen más megacolegios? Para Bogotá quizás no sea un problema. Prácticamente tiene solucionado el problema de cobertura y la natalidad actual y futura (decreciente) posiblemente implique que sea sólo necesario mejorar la infraestructura de las instituciones ya existentes poco a poco. Los anuncios de Petro suelen ser ladridos que no tienen mayores implicaciones reales para la ciudad***. Pero sí es posible pensar en un modelo intermedio: colegios pequeños de múltiples sedes como los actuales que tengan una sede central común que haga las veces de megacolegio: centros especializados de laboratorios, auditorios, servicios deportivos y culturales (al estilo de las megabibliotecas) que puedan ser compartidos entre los estudiantes y con el resto de la comunidad durante los fines de semana y así utilizados de una forma más eficiente.
Notas:
* Es decir, no voy a discutir el tema en este artículo.
** FECODE vive en paranoia permanente: cualquier cosa implica “privatizar la educación”. Sea lo que sea que eso signifique. Tampoco voy a discutir el tema en este artículo.
*** Ni buenas ni malas, eso también es un problema.

Por: Paul Andrés Rodríguez Lesmes