Del comercio, los gremios y sus contradicciones

Es deseable y necesario respetar, y más aún valorar, las opiniones y argumentos provenientes de diferentes corrientes ideológicas. Sin embargo, tengo que admitir, este propósito se complica cuando un mismo individuo se mueve alrededor del espectro y se acomoda a la ideología que le conviene de acuerdo a las circunstancias.

El campo de las ciencias económicas y la política pública es un vivo ejemplo de la existencia de afirmaciones y teorías contrapuestas, que por su puesto, poseen fervientes defensores y vehementes contradictores.

Uno puede o no, estar de acuerdo con una determinada forma de pensar y apreciar la realidad de una determinada “escuela de pensamiento”, sin embargo, negar el aporte de cada una sería, por lo menos, ignorante. Ahora, resulta curioso cuando uno se cruza con individuos que más que ideologías tienen intereses y se adaptan versátilmente, y hasta de forma desvergonzada, a las teorías que le brinden las herramientas para imponer su visión del mundo. Son personas que cuando quieren convencer de que el cielo está nublado usan gafas oscuras, y sacan esas gafas de vidrio amarillo cuando la cuestión es de hablar de días soleados.

Aterrizando la idea al contexto colombiano, ésta se puede ilustrar con los continuos cambios de discursos y contradicciones al interior de varios gremios con respecto a la negociación de Tratados de Libre Comercio y el manejo de la política comercial en general.

Encuentra uno, algunos de los líderes gremiales que defienden a ultranza el libre comercio y sus ventajas cuando se habla del TLC con la Unión Europea, pero a su vez, esos mismos personajes posan de consagrados proteccionistas cuando se trata del TLC con la República de Corea. La unidad y coherencia en el discurso brilla por su ausencia, e hipócritamente intentan imponer su verdad (la que les conviene) a como de lugar, aún sin pensar en lo que realmente le conviene al país (o aún peor, al propio sector que “representan”).

Ve uno en los noticieros a esos que abogan por un Estado más pequeño y menos intervencionista en la economía rasgándose las vestiduras porque el gobierno no hace nada contra la revaluación. Esos mismos que no aprovechan un peso más fuerte para fortalecer los procesos productivos de sus atrasados y poco competitivos sectores a través de la implementación de nuevas tecnologías que dadas la coyuntura actual resultan mucho menos costosas.

En definitiva, diferentes sectores económicos han desaprovechado oportunidades históricas para ganar competitividad; han preferido invertir esos esfuerzos en participar en cuanto debate sobre políticas públicas existe, buscando obtener por dichas vías las ventajas que ellos mismos se niegan a generar. En cada debate se arman con los argumentos que consideran les funcionan, y finalmente nos muestran que la coherencia es algo que hoy en día no se puede esperar de ellos. Y aún peor, luego que pierden toda credibilidad, salen en algún medio de comunicación hablando de que hay dentro del gobierno (o en algún otro lado) un “complot” para “desprestigiarlos”.

Por Andrés Espitia: @afespitia