Dignidad del paciente vs Dinero

Mucho se ha controvertido últimamente el sistema de salud en Colombia y en especial, el pobre papel que han desempeñado las EPS en la atención y prevención de enfermedades. Las barreras de acceso a los servicios de salud para las clases menos favorecidas han ocupado titulares de periódicos y noticieros. El paseo de la muerte, que es una práctica aberrante de negligencia médica en la que el enfermo se ve obligado a trasladarse a diferentes hospitales hasta que en ese trayecto finalmente muere sin lograr la atención médica requerida, campea lúgubremente entre la población menos favorecida.

A lo anterior agreguemos las fallas generalizadas de las empresas promotoras de salud,  la atención deficiente en las zonas con dificultades de acceso para minorías étnicas y habitantes de zonas difíciles, el uso inadecuado de los recursos ya sea por ineficiencia o, la mayoría de las veces, por corrupción: qué tal la confesión del exsecretario de Salud Héctor Zambrano referida a la  entrega de comisiones  millonarias por la adjudicación del contrato de las ambulancias, un negocio que terminó en manos de la Unión Temporal Transporte Ambulatorio Bogotá y al que le sacaron una mordida del 9 por ciento (unos 6.000 millones de pesos).

Es decir que la politiquería ha logrado permear también los hospitales públicos que se supone tienen como fundamento la prestación eficiente del servicio de salud  para la población menos favorecida. Por otra parte como estas prestadoras de servicios de salud son las acreedoras de millonarias sumas que otros actores del sector tienen con ellas, tienen que atender la rentabilidad antes que la calidad, lo que les lleva muchas veces a cerrar servicios que no consideran rentables pero que son necesarios para la población. Existe también la falta de regulación y especialmente de vigilancia de la industria farmacéutica y de insumos médicos, ya que también acrecienta sus ganancias en detrimento de los dineros de la salud.

Tal vez el principal problema de nuestro sistema de salud sea su fraccionamiento. Para que un enfermo logre la atención requerida necesita acudir a más de dos lugares como mínimo, conseguir un sinnúmero de autorizaciones, sellos y trámites y tener la fortuna de contar con parientes, ojalá con bastante tiempo libre, para que se ocupen de adelantar tan engorrosas tareas. Demasiados actores involucrados, poca efectividad y nadie que asuma la responsabilidad.

El gobierno ante la situación de  crisis ha propuesto reformas que permitan alcanzar los objetivos de una prestación eficiente del servicio de salud, como la  creación de  una Entidad Pública de naturaleza especial del nivel descentralizado, con autonomía administrativa, financiera y presupuestal, que afilie directamente al sistema, recaude y distribuya los recursos que hoy financian los regímenes contributivo y subsidiado, ampliar el plan de beneficios por un plan integral que reduzca la llamada zona gris y disminuya por lo tanto la proliferación de tutelas, transformar las EPS en administradoras de la atención básica y especializada en salud con un énfasis territorial y redes de prestadores claramente definidas,  crear  un nuevo modelo de prestación de servicios para zonas especiales y dotar a la Supersalud con mejores instrumentos de control.

Las EPS tendrían tres opciones: especializarse en seguros voluntarios, convertirse en Administradoras, gestionando la prestación de servicios de salud en un área de gestión sanitaria, y si están integradas verticalmente, podrán convertirse en prestadoras de servicios y unirse a alguna red. En cuanto a los llamados “pacientes de alto costo”, la reforma contempla dos opciones: la atención mediante redes especializadas pagadas plenamente por el Estado o, la atención por parte de las redes (administradas por los gestores) por cuenta del esquema de reaseguro.

Sin embargo estos aspectos sólo hacen referencia al tema administrativo y de organización. Incluso al estructural y al de una nueva legislación, al de la reforma en salud.  Pero qué pasa con la reforma a la dignidad de la profesión médica en todos sus órdenes? Sin ella ninguna otra reforma dará su fruto.

Los médicos que se encuentran en medio de un sistema de salud lanzado a la oferta y a la demanda no han tenido otra opción que negociar sus servicios profesionales, priorizando lo económico al sentido primigenio de su profesión: la fidelidad a su misión de dignificar la vida del paciente, sin que ningún interés distinto del bien pleno de éste se interponga en su labor. Parece que el espíritu de servicio que alienta a esta profesión más que a ninguna otra, ha cedido el paso a la consideración económica.

Trasladémonos al Servicio de Medicina Prepagada que aún siendo el mejor en la prestación del servicio de salud en Colombia, no es ajeno al espíritu mercantilista de la profesión médica. Si usted debe realizarse una cirugía el médico le expondrá previamente y de manera escueta y descarnada, todos y cada uno de los problemas que podrían sobrevenir a la cirugía, incluso la muerte, no porque su ética se lo imponga, o porque sienta que su paciente ha de estar suficientemente informado,  sino para blindarse contra una posible demanda si algo sale mal. Han aprendido muy bien de los abogados el término “obligación de medio y no de resultado” y lo expresan sin la menor vergüenza. Convencidos de que con este discurso más la firma del consentimiento informado no asumirán responsabilidad alguna en caso de daño al paciente, cierran el negocio y se preparan para la intervención.

Un cirujano especializado en cirugía gastrointestinal puede realizar en una clínica privada en un solo día 14 e incluso más Colecistectomías Laparoscópicas. El aterrado paciente tiene que esperar su cirugía en una abarrotada sala de espera, preguntándose si ese día están de promoción  las extracciones de vesículas, o si puede pedir otra cirugía menor para agrandar su “combo”. Y no es la cantidad de las intervenciones, ni siquiera la congestión que ellas producen en las clínicas, ni el malestar que la espera produce en el paciente, lo que se reprocha. Es la falta de sensibilidad en el trato, de humanización, de la consideración individual del ser humano, lo que se echa de menos. No hay tiempo para semejantes consideraciones en un sistema que los obliga a atender a la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible para poder percibir un salario algo más que aceptable.

Curiosamente -o tal vez no- después de la intervención (suponiendo que fue exitosa y usted sobrevive), tendrá un control con su cirujano; pero en algunos casos éste no es gratuito, ni tampoco podrá cancelarlo con un bono. Sorpresa! La intervención se realizó por medicina prepagada pero el control es particular. Vaya sacando entre $100.000 y $150.000 para pagar la revisión que hace el buen doctor de su propio trabajo. No se trata de reproches de tipo ético,  sino de aspectos que deben tenerse en cuenta si queremos una prestación del servicio de salud eficiente y sobre todo, digna.

Por Martín Díaz