Educación pública, ‘el baile de los que sobran’

La educación en Colombia es mala, nada que hacer. Esta frase suena a un insulto para los pocos afortunados que hemos podido recibir educación de alta calidad. Al unir ambas cosas, encontramos que hay una enorme desigualdad en la calidad de la educación, como lo resalta Mauricio García Villegas en su columna . La educación pública es de muy mala calidad, mientras que la costosa de alto nivel es lo suficientemente buena para permitir que los estudiantes puedan competir a nivel internacional. Esto es algo que todo el mundo sabe, lo que hace de la educación privada un gran negocio a todo nivel. Por ejemplo, en varias ciudades del país los estudiantes del sector público buscar saltar al sector privado como sea posible, lo que ha llevado a revisar el sistema tipo ‘voucher’ que hay en ciudades como Bogotá y Cali. La solución propuesta siempre es: gastemos todo el dinero en educación. De esta solución surgen muchas preguntas.

La educación es clave para permitir la movilidad social. No obstante, ¿qué tan fácilmente? La ‘crema’ del poder está concentrada en los egresados de algunas universidades. Estas mismas universidades son las que tienen la mejor calidad de educación, pero también son las más restrictivas. Las privadas principalmente en cuanto a costo, las públicas principalmente en cuanto al ‘stock’ académico acumulado (que también está relacionado con dinero porque para tener un buen ‘stock’, hay que salir de un buen colegio). Algunos claman: ‘la solución es que la educación sea completamente gratuita’. Eso sería costoso e inútil, la deserción en educación superior es tan alta que nos dice que aún si las universidades de élite fueran gratis, sería muy difícil que un egresado promedio sobreviviera. La educación básica en gran parte es gratis, inclusive se llega a pagar para que los niños vayan al colegio. No obstante, la educación pública es tan mala que el ‘precio’ de la exclusividad hace que las matrículas de algunos colegios lleguen a ser más caras que las de las universidades. La lección de todo esto es que como prioridad, el dinero extra más que a las matrículas de las universidades (donde también hace falta), debe ir a igualar los resultados académicos de los colegios.

¿Por qué es tan mala la educación pública? Algunas personas culpan a los profesores, y para ello se valen en decir que hace algunas décadas la educación pública era muy buena, y en que unos muy pocos colegios pueden llegar a competir contra los de primera categoría. Es muy difícil probar esta teoría: los colegios buenos tienen estudiantes buenos –con familias dispuestas a pagar mucho porque les vaya bien-,muchos de los colegios públicos tienen a todos aquellos que ‘sobran’, a los que no hubiesen estudiado si no fueran gratis, e inclusive, si no les pagaran por hacerlo. Eso quiere decir que aún si los profesores fueran los mismos que los de los colegios privados de élite, los públicos seguirían siendo, en promedio, más malos. El ‘empeoramiento’ de la calidad de los colegios públicos va de la mano con la universalización de la educación utilizando la misma tecnología.

¿Qué se puede hacer con este sistema que perpetúa la desigualdad? Es claro que un colegio público de alta calidad no puede ser igual que un colegio privado de alta calidad; manejan insumos de capital humano muy diferentes. No obstante, no es mucho lo que escuchamos sobre innovaciones en la tecnología de la educación básica. ¿Por qué? Quizás no es muy rentable, si fuera más rentable quizás veríamos más innovación. ¿Por qué no volver a intentar esquemas públicos-privados como el de los colegios en concesión? Los colegios públicos que tengan población tradicional, pueden seguir siendo tradicionales; para las zonas con población ‘especial’, es necesario realizar esfuerzos adicionales y pagar más por ello. No obstante también vale la pena pensar en otros ejercicios, ¿valdría la pena crear cupos públicos obligatorios en todos los colegios privados?, ¿impuestos a colegios de élite para financiar mejoras en la calidad en los públicos? Lo único seguro es que si queremos reducir la desigualdad, hay que pensar en reformar la base de la misma.

Por Paul Rodriguez