El precio educativo de la paz

Nuestro país se encuentra de nuevo con un proceso de paz ad portas, con los ciudadanos debatiéndose entre una actitud escéptica y otra esperanzada.  Sea cual sea el resultado, la verdad es que según el Dr. Alejandro Éder, Alto Consejero para la Reintegración desde hace 10 años, hay un promedio diario de 2 a 3 desmovilizados, con una cifra que supera los 35.000 desmovilizados a la fecha, de los cuales se calcula que 20.000 han sido guerrilleros y según el Ministerio de Defensa podríamos esperar hasta 9.000 personas del actual proceso[1].

Otros estudios aseguran que apenas un 10% de estos desmovilizados reinciden en la delincuencia[2] y es allí donde empieza no sólo mi preocupación, sino mi interés por aportar a la solución, al menos con ideas, porque es de suponer que por muchas razones (algunas de ellas simplemente políticas), el gobierno no tendrá en cuenta mis opiniones, pero en uno de esos intentos docentes compulsivos, sigo mi camino en la explicación del tema.  En Guatemala, donde se vivió un proceso de paz similar, guardadas las proporciones, los resultados se muestran de forma parecida: lentos y difíciles de cuantificar.

¿Cuál es el fondo de esto?  Las razones para tomar las armas siempre han sido diversas, así como para dejarlas.  El factor común es la educación, o más bien, la falta de ella.  Todo el que me conoce como persona, particularmente como docente, sabe que nunca me he sentido identificado con los sistemas educativos propuestos.  Y hablo en plural porque después de más de dos décadas trabajando en aulas de todo nivel educativo, temático y socio económico, he tenido que adaptarme y adoptar un sin fin de métodos y normativas en educación y aun así sigo sintiendo incomodidad por los pobres resultados humanos, particularmente en mi querida Colombia.

Para centrarme en el tema tecnológico que voy a abordar debo citar que mi “vía de escape” a los tradicionales métodos educativos ha sido, durante poco más de una década, el software libre.  Encontré acomodo en este noble sistema de compartir conocimientos por cuanto la estrategia planteada y usada desde el principio con este tipo de programas (y hoy día en documentos e incluso música) tiene que ver con la igualdad.  De manera breve debo explicar que el software libre – programas informáticos, se mueve dentro de cuatro libertades[3] :

  1. La libertad de usar el programa, con cualquier propósito.
  2. La libertad de estudiar cómo funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.
  3. La libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.
  4. La libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.

 

Si nos fijamos bien, en ninguna parte habla del precio, pero es obvio que si tenemos tantas libertades pues no hay precio.  Lamentablemente esa es la única razón por la que normalmente los empresarios y directivos institucionales voltean a mirar al software libre (porque es gratuito).  Cuesta trabajo pensar que en este mundo tan comercial, lleno de intereses particulares, a alguien le de por hacer algo y regalarlo.  Pero la verdad es que somos millones de personas alrededor del mundo quienes creemos en esto de manera efectiva.  Podemos participar en proyectos de enorme magnitud sin que importen nuestros títulos o carreras académicas más allá de ser capaces de hacer un excelente trabajo.  Podemos poner nuestro granito de arena implementando complejas rutinas de programación que hacen más eficiente un programa o una característica especial de un programa.  Tal vez aportamos una imagen o una combinación de colores atractiva para las ventanas del software, la traducción de algunas palabras, del menú o bien del manual de usuario.  O simplemente aportamos usando el programa, mencionando que lo hacemos y recomendando a otros seguir el ejemplo.  En conclusión: el software libre no se trata de hacer y regalar, sino de colaborar y compartir.

Me pongo a hacer cuentas: un semestre en una institución técnica que podríamos llamar “promedio” (tanto en costos como en recursos y resultados) cuesta como mínimo $600.000.  Para este ejemplo asumo que la mayoría de desmovilizados entrarían a un nivel técnico, aunque sabemos que en realidad tienen escasamente estudios en secundaria.  También asumo que se manejará una cifra de 40.000 personas regresando a la sociedad civil para finales del año 2013.  Por encima sabemos que vamos a necesitar $24.000.000.000 que en letras suena aún más escandaloso: veinticuatro mil millones de pesos ¡cada semestre!  Quiero que quede claro que digo escandaloso no porque crea que no vale la pena invertir en educación o en resocializar a nuestros hermanos desmovilizados, no, escandaloso porque esa es apenas la punta del iceberg.

Para nadie es un secreto que en todos los grupos armados al margen de la ley en nuestro país existe un pequeño grupo de privilegiados en el mando que ostentan títulos universitarios con especialización incluida de prestigiosas instituciones educativas, incluso en el exterior, y hasta dominan varios idiomas desde su casa materna.  Pero la mayoría son personas que han abandonado sus estudios desde temprana edad y, a pesar de tener excelentes capacidades humanas y cognitivas, su falta de contacto con el medio académico hará muy difícil su reintegración al mismo.  Desde hace años el gobierno colombiano ha invertido enormes sumas de dinero en este empeño y sus estimados hablan de un proceso de seis años.

¿Qué tiene que ver el software libre con todo esto?

Desgraciadamente en Colombia aún no se ha entendido que las famosas TICs no se tratan de reemplazar el tablero por el monitor y la tiza por el ratón.  Para la muestra le invito a inscribirse en los cursos gratuitos del SENA, por no hablar de las instituciones privadas donde se han enfocado en usar plataformas educativas libres con el argumento de “ser modernos” pero sobre la ambición de “sale más barato”: permanentes caídas del servicio, un docente por cada 1.000 (incluso 1.500) estudiantes y cientos de páginas por leer en un par de días para terminar con un cuestionario de opción múltiple y falso/verdadero que sólo refuerzan el antiguo y obsoleto método de “el profesor tiene la razón y los alumnos (les encanta esa palabra que significa sin luz) deben obedecerme para que yo los apruebe”.  Resultado: usted obedece, aunque tenga una opinión propia o el profesor esté equivocado, y la institución escribe (léase certifica) que usted sabe.  El alumno con el título en la mano (tras un agotador esfuerzo por cumplir), se queda callado con un orgullo henchido de ignorancia…

Siento profundo dolor cuando esos “líderes informáticos educativos” para completar la escena le envían a sus alumnos cientos de documentos en formatos que sólo pueden abrir usando programas cuya licencia es comercial.  ¿Esa será entonces la bienvenida al mundo legal?  “Ahí le mando los documentos de estudio.  Como usted tiene que obedecerme a cualquier precio (yo lo voy a certificar), entonces tiene dos opciones para leerlos: comprar el programa, ah, se me olvidaba que usted es reinsertado, entonces róbese el programa (lo llaman piratear de manera elegante, pero no se preocupe que todo el  mundo legal lo hace).  De todos modos será muy útil que haga piratería porque se va a acostumbrar tanto a ese programa que cuando tenga dinero va a terminar comprándolo porque al final del proceso usted no será capaz de aportar a mejorar el programa, por eso se lo estoy fabricando ‘a prueba de bobos’, de hecho está prohibido que lo adapte a sus necesidades (por cierto: si es indígena vaya olvidándose de usar un computador en su idioma), al fin y al cabo lo que usted necesita no es aprender, ni aportar soluciones, sino ‘un cartón’ para ir a emplearse”.

Y mientras tanto seguimos aceptando donaciones de multinacionales del software que terminan siendo compras oficiales obligadas a futuro por varios millones de dólares.  Soy testigo de montones de computadores amontonados “porque no se les consigue licencia”, por no hablar de cientos de donaciones de tableros inteligentes que sólo funcionan con cierta marca norteamericana de programas y miles de docentes asistiendo a cursos de esas marcas “sólo porque hay un convenio para que yo gane un par de créditos para mi carrera docente”.

¿Le pareció muy duro este final?  y eso que hasta ahora estamos empezando…

Por Mauricio Riveros: @maoriverosb

 


[1]              Néstor Morales, Mábel Lara, & Felipe Zuleta. (2012, septiembre 11). ¿Cuántos guerrilleros podrían desmovilizarse? | Blu Radio. Fuente:http://www.bluradio.com/569/cuantos-guerrilleros-podrian-desmovilizarse

[2]              Preocupa índice de desmovilizados que vuelven a delinquir | Nación | Noticias | CaracolTV.com. (2010, julio 25). Fuente:  http://www.caracoltv.com/desmovilizados/articulo-184851-preocupa-indice-de-desmovilizados-
vuelven-a-delinquir

[3]              Free software Foundation. (2012, septiembre 27). La Definición de Software Libre. ¿Qué es software libre? Recuperado octubre 2, 2012, Fuente http://www.gnu.org/philosophy/free-sw.es.html