“Estudiar sistemas”: cinco largos consejos

La expresión “estudiar sistemas” abarca todo un universo lleno de expectativas como oportunidades laborales que incluyen prestigio profesional y dinero en grandes proporciones.  En los años 60 el “boom” fue para el derecho, en los 80 fue la medicina y desde el siglo 20 tenemos las carreras relacionadas con tecnología.  Escribo este artículo para que, tanto los jóvenes que están pensando ingresar a la universidad, como sus respectivos padres (sufridos deudores del proceso) aterricen sus conceptos y tomen la mejor decisión posible.

 

¿Profesional o técnico?

Hoy estamos MUY lejos del concepto original – en que un técnico adquiría y aplicaba conocimientos fundamentales prácticos, mientras que el profesional se preparaba (como en un segundo escalón) para cargos de dirección a través del conocimiento basado en teoría e investigación.  Lo único que queda de eso es que el técnico puede aspirar a ganar el salario mínimo mientras que al profesional TAL VEZ le paguen mejor, o por lo menos tenga que trabajar un poquito menos por ser “el doctor” (lo siento – estoy citando la realidad colombiana).  Eso si consigue ubicarse en una empresa, porque para hacer empresa no se necesita NINGUNO de esos títulos – sólo tener el conocimiento fundamental y el dinero – punto.  Eso nos lleva a una decisión simple: sale rápido como técnico y se vincula al sector laboral con más rapidez.  Como profesional se demora más pero TAL VEZ logre engancharse mejor.  Finalmente todo se reduce a qué puede pagar la familia, no nos digamos mentiras y fin de este capítulo.

¿Qué estudiar?

No me voy a quedar en el dilema de si ser “ingeniero de sistemas” o “técnico” porque tiendo a ser demasiado realista con los profesionales y muy crítico de las universidades.  Vamos a concentrarnos en los temas o tópicos de estudio.  La oferta es cada día más amplia: diseño gráfico, programación, animación, modelado CAD, diseño web (el preferido), bases de datos y hasta ofimática.

Mi primer consejo es que pida POR ESCRITO el programa académico.  Normalmente las instituciones (sobre todo las “de garaje”) tienden a recortar los programas según el número de estudiantes (y docentes) que queden al final del semestre y aunque le terminan entregando un cartón con su nombre y un título pomposo que le va a hacer sentir triunfador, usted en el fondo sabrá que le faltó ver temas y muuucha práctica. No es nada complicado demostrar en un juzgado que sus calificaciones son diferentes al volante que le entregaron el día de la matrícula (por escrito) y entablar (y ganar) una demanda por publicidad engañosa.

Segundo consejo: un programa académico basado en tecnología NO debe estar basado en aprender a usar un programa, sino en conocimientos, conceptos y habilidades MEDIBLES.  He visto miles de folletos anunciando que “le enseñan a usar (a veces incluyen la palabra aplicar)” autocad, photoshop, flash, dreamweaver, excel, power point ¡y hasta word!  Eso está bien para un curso introductorio pagado por horas – nada más.  He conocido (tristemente) supuestos diseñadores gráficos que no tienen la menor idea de cómo grabar un archivo en una memoria porque desconocen la diferencia entre gigabytes y terabytes, sin mencionar que tampoco saben lo mínimo sobre teoría del color, historia del arte, nociones de publicidad, ni conceptos de proporcionalidad.  Se preguntarán – como yo lo hice: ¿Entonces qué saben?  La dolorosa respuesta – al unísono porque eran varios jóvenes fue: “¡photoshop, dreamweaver y flash!“…  Todos ellos siguen desempleados varios años después de haber terminado, o trabajando en labores diferentes a lo que estudiaron porque:

  1. En las empresas donde solicitaron trabajo no usaban esos programas, sino unos diferentes para obtener los mismos o mejores resultados.
  2. Los programas que aprendieron ya cambiaron (mejoraron) sus versiones y aunque ahora son más fáciles de usar, ellos sólo aprendieron en la versión vieja y nunca se actualizaron.  Sienten temor de usar un programa – aunque sea ligeramente, diferente.
  3. Esa platica se perdió…

Revise bien LOS OBJETIVOS del programa académico y busque verbos como comprender, analizar, redactar, sugerir, valorar, construir, explicar, formular o definir.  No le crea a “aplicar” porque eso no es medible y a la primera falta informe con honestidad que usted no siente que esté cumpliendo con los objetivos propuestos.  Si quiere aprender a usar un programa, consulte en youtube donde encontrará miles de tutoriales de diez minutos que cualquiera puede entender y aplicar.

El tercer consejo es: Pregunte por la legalidad del software; hágalo EN VOZ ALTA Y OJALÁ POR ESCRITO: “¿Los programas que usan para enseñarnos están debidamente licenciados?“  Si no le escriben un rotundo, no pierda el tiempo inscribiéndose.  En caso de encontrar software pirata, las autoridades procederán a:

  1. Imponer fuertes sanciones económicas a la empresa responsable.
  2. Entablar juicio con el propósito de establecer responsabilidades con penas que incluyen la privación de la libertad.
  3. Retención de los equipos involucrados.
  4. Cierre inmediato del establecimiento comercial.

Dígame una cosa: ¿cómo piensa estudiar en una institución que no tiene presupuesto para pagar docentes, servicio y arriendo porque está atendiendo asuntos legales para sacar de la cárcel a su representante/director y no tiene computadores para enseñar porque les fueron retenidos por ilegalidad?  Y eso le puede pasar cualquier miércoles por la tarde, porque precisamente la razón de lo barato es que esa institución está compitiendo con deslealtad con las instituciones que sí pagan sus impuestos y licencias como la ley lo ordena – por experiencia le digo que siempre se espera a que las aulas estén llenas para ir a denunciar a la institución tramposa – no diga que no se le advirtió…

Otro aspecto a considerar con el asunto del software legal es si la institución tiene acuerdos con los fabricantes del software para que los estudiantes puedan adquirir a bajo precio el mismo software.  Parece tonto pero es muy frecuente que los estudiantes terminan obligatoriamente pirateando software en sus computadores personales (y de sus lugares de trabajo) porque “eso fue lo que les enseñaron”.  Les enseñaron tanto a piratear, como a depender de un determinado programa porque el currículum no estaba basado en conceptos, sino en software.  Por ejemplo: no le enseñaron hoja de cálculo sino excel, y cuando terminan “la carrera”, no hay modo de usar otro programa porque se sienten inseguros – incluso con una versión diferente.  Ni hablar del dinero que aún no han ganado para comprar el programa que les enseñaron (y al cual ya son irrazonablemente adictos) – entonces a piratear… Hace poco un joven me pidió que le instalara un determinado programa de diseño.  Sorprendido le hice caer en cuenta que estaba pidiendo una versión bastante anterior a la actual de ese programa y su mejor respuesta fue: “es que esa versión es la que me están enseñando y sólo sé usar esa”  Sólo por aterrizarlo le instalé programas libres de diseño que nunca pudo ni abrir.

El cuarto consejo se refiere a los docentes.  En cualquier tema, pero muy especialmente con respecto a la tecnología, no basta con ser experto, sino con saber explicar.  Conozco verdaderos hackers cuyas habilidades ante un computador han hecho temblar gobiernos, pero cuando van a explicar cómo subrayar una palabra en el word terminan indicando otra cosa que nadie entiende.  Aquí hay dos extremos que no se deben alcanzar:

  1. Contratar ingenieros y especialistas como profesores: sin demeritar al profesional, lo uno no hace a lo otro.  Ya pasaron los tiempos en que el docente era el que todo lo sabía y el estudiante nunca perdía su condición de estúpido so pena de ser repudiado en el aula de clase.  Hoy día el maestro en tecnología no es el que todo lo sabe (porque en esa materia nadie es más tonto que el que así lo cree), sino el que sabe dónde buscar y lleva a sus estudiantes a sentir curiosidad y a investigar sobre sus inquietudes.  El punto máximo de maestría docente se logra cuando el estudiante supera al profesor – y éste lo reconoce públicamente sin que su autoridad se vea mermada.
  2. Contratar personas que explican bien pero que no tienen formación académica.  Eso hace que pronto se pierda el control en un aula y se den casos de relaciones inconvenientes entre estudiantes y docentes, tanto a nivel afectivo, como a nivel de trato verbal.  La formación académica no se improvisa sino que se adquiere a través de estudio, investigación y práctica docente.  No es necesario que los docentes sean PHD para explicar tecnología (vea el punto anterior), pero es muy perjudicial que no tengan formación académica de mejor nivel que sus estudiantes.  Tarde o temprano eso se saldrá de control.

Pregunte directamente y en voz alta a cada docente con el que tenga clase ¿Qué grado académico tiene usted en la materia?  No discrimine al que tenga pocos estudios – normalmente eso es compensado por mucha energía y creatividad en las clases, pregunte para cerciorarse de que hay un equilibrio entre lo que usted paga y lo que recibe.  ¿Paga barato? – espere docentes baratos.  ¿Paga bastante? ¡Exija docentes costosos! porque caro es otra cosa – por ejemplo un caso que conozco donde los encargados de la limpieza terminaron de docentes – lo cual me alegró por ellos (porque sabían del tema), pero todo se complicó cuando los estudiantes vieron que lo que pagaban por docentes profesionales estaba siendo atendido por docentes que apenas ganaban un salario mínimo – y respondían al mismo nivel.

Y finalmente – pero no menos importante: quinto consejo, las directivas de la institución.  En Colombia, para hacer empresa educativa basada en tecnología no es requisito ser profesional en nada relacionado.  Conozco directores de instituciones educativas que son odontólogos, militares, chefs, arquitectos, artistas ¡y hasta cajeros de banco!  Eso no demerita sus carreras ni sus profesiones pero inevitablemente todas esas instituciones han quebrado o nunca crecieron lo suficiente como para decir que han hecho algo más que apenas sobrevivir.  Tal vez cualquier profesión sirva para dirigir cualquier  empresa porque es cuestión de ganas, dinero y habilidad en los negocios.  Pero educar es totalmente diferente a cualquier empresa.  El alma de una institución educativa no son los estudiantes, sino los docentes.  Si los docentes saben su trabajo (educar), esperan ser dirigidos con ecuanimidad por alguien que también sepa de qué se trata ese asunto.  Un mal director hace que de manera callada – casi hipócrita, los docentes trabajen a disgusto, cumpliendo con un mínimo de esfuerzo y tratando de hacer lo menos posible porque la institución sobresalga.  Pregunte directamente a las directivas sobre su profesión y su experiencia en educación.  Evite discriminar, pero asegúrese que esas personas sepan de educación antes de saber sobre contabilidad, leyes y finanzas.  Algunos directores han descubierto tarde su vocación y lo compensan muy bien haciendo cursos y seminarios sobre educación, asunto sobre el que hablaran gustosamente cuando se les pregunte.  No basta con un “me gusta hablar con la gente” o “es grato ayudar a la educación de la sociedad“  Créame: la vocación por enseñar va de la mano del gusto por servir – y con esas personas usted nunca tendrá malentendidos como los que le prevengo en los puntos anteriores.

Para terminar, una nota sobre la legalidad de las instituciones.  Revise que esté expuesta la licencia de funcionamiento del local y el respectivo permiso de la secretaría de educación.  Son dos cosas diferentes y ambas deben estar a la vista del público, con fecha de expedición y fecha de expiración.  Para obtenerlas es necesaria por lo menos una visita física de las autoridades competentes.  Que no sea esta su única fuente de confianza porque para eso le he escrito los párrafos anteriores.  Pero es imprescindible para que no termine metiendo su platica en una “empresa de garaje”.  ¿Por qué dejé este punto para el final y lo toco tan superficialmente? Porque la experiencia que he tenido me indica que es un asunto importante por revisar, pero no imprescindible al juzgar la legalidad de una institución educativa.

Conozco algunas instituciones donde el día de la inspección de los bomberos se sacan prestados los extintores del local de al lado.  El día de la visita de la secretaría de educación se hace venir a los estudiantes donde hace falta mostrar y se trasladan de aula o devuelven a casa a los estudiantes donde hay sobre cupo o matrículas no registradas debidamente.  También aparecen ese día, “de la nada”, los avisos de evacuación, los nombres de las aulas (incluyendo una bodega falsamente rotulada como “laboratorio”) y a los profesores más inconvenientes (por ser nuevos o conflictivos) se les da el día libre y son convenientemente reemplazados (durante los 30 minutos que dure la visita) por familiares y amigos de las directivas.

¿Por qué sucede esto y nunca se denuncia?  Porque los docentes necesitan su trabajo (no importa cuánto les paguen) y porque los estudiantes (y sus familiares) asumen que es más lo que se pierde si se denuncia, al fin y al cabo ya han metido su platica en el asunto. Hay que estar atentos a estas situaciones porque se trata de seguridad personal y ética.  los valores morales no se enseñan una vez y se olvidan.  Se usan y reflejan todo el tiempo y estos son serios indicadores de un mal funcionamiento que puede terminar en tragedia.

Cuide su dinero, invierta en su educación y nunca deje de aprender.

Imágenes: openclipart.org