¿Existe el voto consciente?

La palabra consciente nos lleva a pensar en una acción pensada después de una reflexión. Bajo esas circunstancias la respuesta sería sí – por todas las razones que nos llevan a los colombianos a votar – e incluso a no hacerlo.

He trabajado como docente en todo tipo de instituciones educativas y en el año electoral es frecuente ver la llegada de candidatos a diferentes zonas de las ciudades cargados con útiles escolares – la mayoría de baja o regular calidad y eso sí, marcados con el logotipo del partido y el nombre del candidato. También es frecuente ver que entran nuevos estudiantes – particularmente a instituciones privadas, con becas otorgadas por estos partidos a través del apoyo a candidatos. Así mismo he visto cómo muchos de estos estudiantes ya no están el siguiente año – e incluso semestre, porque han “perdido” ese apoyo económico. Todas estas prácticas se encuentran amparadas por la ley – o por lo menos no son prohibidas y permiten a los diferentes partidos convocar a un buen número de personas para hacerles saber sus planes de trabajo. Los ciudadanos son libres de asistir o no a estos eventos y de tomar decisiones de voto al respecto.

El reto entonces es saber si esas decisiones de voto son realmente una demostración democrática o una mera convicción mercaderista. No culpo a los partidos por hacerlo – ya que es el pueblo quien ha decidido aceptar esas prácticas. Pero yendo más allá del vulgar proselitismo de oportunidad quiero enfocar su atención en la manera en que creamos la conveniencia (nos auto convencemos) de nuestra decisión de voto.

Al parecer el único parámetro válido hoy en día es “primero yo” – “decido lo que me conviene” y se deja atrás cualquier otro argumento. ¿Cuál? pues el de “decidamos lo que conviene a todos” Sólo plantearlo ha costado a quien escribe muchas burlas en el ámbito social porque nadie está dispuesto a dar su voto sacrificando – aunque sea un poco, su comodidad con tal que la comunidad a la que pertenece sea beneficiada.

Todo se esconde bajo un “lo que nos convenga a todos” suponiendo en la mayoría de los casos a partir de experiencias personales y comentarios generales, pero rara vez en hechos reales o estudios estadísticos oficiales. Qué diferente sería nuestro país, si antes de elegir un candidato leyéramos sus propuestas (porque escasamente nos quedamos con sus discursos), investigáramos de buenas fuentes y estudiáramos a consciencia la viabilidad de sus propuestas no sólo para elegirlos, sino para controlarlos. Pero no – en Colombia persisten tradicionales y obsoletos métodos de elección como “ir a ciegas por un partido de tradición familiar”, votar a cambio “del puestico” en el gobierno (si gana) y “este candidato sí saca adelante la ley que me conviene económicamente”.

He visto a cristianos votar por abortistas, a comunistas votar por conservadores (aunque no me crean) y a empresarios votar por comunistas – sólo por recibir a cambio ciertos favores. Esto ha convertido las campañas políticas en “tiendas de deseos” procurando capturar la mayor cantidad de votos a través de implantación de leyes populares, más no democráticas ni convenientes – recordemos que hasta las mayorías se equivocan con el suficiente merchandising.

Madurez – es la característica que falta para votar en Colombia. Nos polarizamos por deseos inmediatos y pasajeros y a largo plazo sufrimos (a veces sin darnos cuenta) que el origen de nuestras incomodidades estuvo en votar por conveniencia personal más no democrática y terminamos culpando, destituyendo y encarcelando las consecuencias, pero nunca condenando las causas: el egoísmo y la falta de madurez participativa.

Por Mauricio Riveros: @maoriverosb

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Referencias:
Foto Cortesía de Jhon Guerrero