¿Existe la fórmula mágica para reducir la Pobreza?

Si bien en el comunicado dado a conocer por el DANE hace varios días se reporta una importante disminución en la incidencia de la pobreza, la pobreza extrema y la desigualdad, aún hay algunos aspectos que siguen siendo alarmantes para Colombia. La alta concentración del ingreso, la gran brecha entre el campo y la ciudad, y el desequilibrio tan grande entre departamentos son preocupaciones para el Gobierno.

Muchos de los departamentos que presentan las cifras más altas de pobreza, total y extrema, coinciden con ser los de mayor ruralidad. Las condiciones socioeconómicas son, evidentemente, más bajas en las áreas rurales que urbanas, suscitando que la pobreza continúe teniendo un marcado carácter rural. Varios factores pueden explicar esto, incluyendo la alta concentración de los trabajadores asalariados (quienes generalmente tienen un ingreso más alto) en los centros urbanos, una mayor calidad de la educación, la concentración de la infraestructura pública que proveen servicios de saneamiento, e infraestructura hospitalaria, con condiciones de salud que son más favorables en las áreas urbanas que rurales, entre otros.

Y es que hay que tener en cuenta que la pobreza no es un fenómeno únicamente monetario sino multidimensional. En esta vía, Colombia se ha comprometido fuertemente con la implementación del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) para establecer las metas de las políticas sociales. Este indicador refleja el grado de privación de las personas en un conjunto de dimensiones: condiciones educativas del hogar, condiciones de la niñez y juventud, trabajo, salud y acceso a servicios públicos domiciliarios y condiciones de la vivienda. Al permitir esta medida determinar la naturaleza de la privación, la intensidad y profundidad de la misma, se pueden enfocar las políticas públicas a los determinantes que impidan a las familias salir de la pobreza.

Cabe decir entonces que aun teniendo esta metodología tan útil, los resultados indican que el modelo de desarrollo rural que el país ha venido implementando ha sido poco eficaz en materia de reducción de la pobreza. En este sentido, se hace necesario ajustar la intervención pública. Sin embargo, no estoy desacreditando los programas ‘Más Familias en Acción’ ni ‘Red Unidos’. Todo lo contrario, ellos han sido un aspecto fundamental en los grandes avances que ha logrado el país: una reducción de la incidencia de la pobreza del 49.7% en 2002 a 34.1% en 2011.

Por otro lado, surge la pregunta de por qué unos departamentos lo han hecho tan bien en materia de reducción de pobreza, y otros muestran resultados tan desalentadores. Chocó y Cauca fueron los departamentos con mayor incidencia de la pobreza en 2011, 64.0% y 62.0% respectivamente, cifras cercanas al doble del valor nacional. ¿Por qué en estos departamentos parecen no funcionar las políticas del gobierno? Aunque pueden ser varias las respuestas, tal vez dos razones sean las principales para mí: la corrupción que enfrentan estos departamentos y el alto conflicto armado que allí se evidencia. (En una próxima columna daré a conocer los resultados de una investigación personal sobre el impacto del conflicto en la pobreza para el caso colombiano).

En este sentido, para poder re direccionar las políticas públicas es necesario entender por qué unas regiones parecen condenadas al fracaso, para así poder enfocarse en esos aspectos que parecen estancar ciertas áreas. Sin embargo, no se le debe atribuir la responsabilidad únicamente al sector público, sino tener una colaboración entre varios sectores, tal como lo indica Bruce Mac Master: “queremos que el sector privado se convierta en el gran aliado del Gobierno en superación de pobreza”. ¿Existe entonces una fórmula mágica en materia de reducción de pobreza? La respuesta es no, cada familia requiere de una atención distinta para superar esta condición; eso indica la brecha entre el campo y la ciudad, y las brechas departamentales. Es mucho lo que se ha avanzado, pero todavía falta mucho más por hacer. Los resultados dan una voz de aliento de que se está conduciendo por el camino correcto.

Por Natalia Lemus: @NataliaLemusV