Fábula, parte 1

Eran dos hermanos que desde que nacieron competían por ocupar una silla, hijos de un padre que les heredó una hacienda a la que le dio por nombre Libertad. Durante años, Libre y Carca, pelearon por estar al mando de ésta. Carca, el menor, dividió la hacienda y se proclamó dueño de varias de las parcelas, y a pesar de haber perdido terrenos con fincas aledañas, aseguró la silla para sus herederos estableciendo una hegemonía que alienó a su hermano de toda participación en la toma de decisiones; era muy avaricioso.

Durante ese tiempo el miedo y la intolerancia fueron parte de las “buenas costumbres” que el menor de los hijos impuso como principios éticos y morales en la Libertad. Sangre y cadáveres cubrieron la hacienda por siglos, bajo el manto de la impunidad.
Transcurrieron varias décadas hasta que la descendencia del hermano mayor hábilmente se hizo del apoyo de los trabajadores de la finca, quienes descontentos con engaños de antaño como “las parcelas son de quienes las trabajan y habitan”, y cansados de la constante negación de oportunidades, labraron el camino para que el heredero del mayor de los hijos fuera el nuevo administrador.

Sin embargo, con la llegada del nuevo jefe, aquella forma de mandar en la hacienda como si se tratase de un feudo donde a los trabajadores apenas se les permitía vivir pero no ser dueños de la tierra, no cambió. En un primer intento de resarcimiento hacia los trabajadores, la dinastía Libre ordenó el despojo de aquellas parcelas que no se hubieran aprovechado por diez años consecutivos, pues el uso que habían estado dando los Carcas a la tierra no era el más eficiente. No obstante, la forma en que estaban distribuidas las parcelas no cambió significativamente.

De repente, varios años después, proveniente de tierras invernales llegó un primo, llamado Común, con nuevas ideas acerca de la organización de la hacienda, proponiendo que fuera dividida igualmente entre todos aquellos individuos que habitaban en ella. Estas ideas ya habían llegado a oídos de la dinastía Libre y estos no iban a permitir que se hiciera realidad una amenaza a su cómoda y privilegiada posición dentro de la hacienda; así, las propuestas de Común no fueron escuchadas en la administración por varios años. Al fin y al cabo, la hegemonía ahora era de la dinastía Libre.

La propuesta de Común era tan radical, que Carca, Libre y sus amigos, inteligentes como eran, no podían desconocer que estas propuestas calarían hondo en los trabajadores tarde o temprano, incluso dentro de la misma dinastía Libre nació una disidencia que sentía cierta simpatía con las ideas de Común, paralelamente surgió en la Libertad una práctica mezquina, el magnicidio. Sangre y cadáveres nuevos recubrieron sus tierras hasta que la vigilancia pública de la hacienda retomó el orden con el favor de la dinastía Carca.

Pero las dinastías no soportaban estar fuera de la silla y para mostrar su voluntad de terminar con sus disputas internas, firmaron un acuerdo de Frente a todos los habitantes de la hacienda, en el que se pactó que cada uno ocuparía la silla por 4 años, reviviendo a medias lo que con tanta nostalgia añoraban los hijos de las dinastías, la hacienda vivió entonces un “Bi-reinato”.

Esto no fue más que un método excluyente de los hermanos, que se unieron para no dar cabida al primo en la administración, mientras los habitantes de la hacienda que durante siglos se habían asesinado unos a otros en defensa de alguna de las dinastías, miraban con sobrecogimiento. Sin embargo, eso no le importó a ninguna de las dos dinastías pues al fin de cuentas no hay necesidad de darle muchas explicaciones a una mayoría analfabeta.

Durante ese tiempo, la vecina hacienda del norte comenzó a predicar los principios de equidad y justicia entre todas las haciendas, bajo el aparente interés de establecer una Alianza que en realidad se trataba de un medio para influir en las decisiones de las demás haciendas de la región. Entonces la propuesta de la hacienda del norte, que fue entendida como una herramienta para ganar el favor de los trabajadores, no solo fue acogida sino implementada.

Lastimosamente en la hacienda ya se habían acostumbrado al “cómodo y creativo” uso acumulativo y de especulación de las parcelas y hasta habían olvidado que se podía aprovechar como un factor de producción. En un afán por reparar dicha situación, el primer “bi-rey” perteneciente a la dinastía Libre creó los molinos que le darían la energía al cambio en la estructura de la propiedad de las parcelas, pero este gesto no le pareció suficiente a Común ni a sus discípulos que comenzaron a crear pequeñas haciendas Independientes dentro de la Libertad.

La dinastía Carca, al ver que la administración de la hacienda se le salía de las manos a la dinastía Libre, decidió con un bombardeo recordar prácticas de antaño; persecuciones, terror y muertes regresaron a la Libertad para nunca más darle tregua. Era demasiado tarde cuando regresó la dinastía Libre a la silla, pues el primo Común y sus simpatizantes sintieron que no tenían otra elección que constituir su propia vigilancia privada y esconderse en los terrenos inexplorados de la hacienda, otra de las tantas costumbres recién nacidas en la hacienda.

Al siguiente cambio de administración en la hacienda ocurrió algo tan inédito como insólito, en la víspera de la asunción la hacienda tenía un administrador y al día siguiente tenía otro. Nuevas vigilancias privadas surgieron. Pero aparentemente nada sucedió en la Libertad, pues para las dinastías todo se valía con tal de no dejar la silla y aunque el pacto entre las dinastías ya se había vencido, continuó de facto por varias décadas. Desde ese momento en adelante la redistribución ya no les pareció tan importante a los siguientes administradores y se prefirió decir que los que no tenían parcelas buscaran tierras no exploradas ni explotadas hasta el momento.

El quién ocupara la silla realmente ya no les importaba a los trabajadores, el desencantamiento con la administración y el desentendimiento con sus jefes se convirtió en idiosincrasia. Producto de la incultura de sus habitantes, en esta hacienda nació un “Robin Hood”, quien ofreciendo aquello que “los de arriba” dejaron de suplir (trabajos y dinero), se ganó el favor de su gente…


Por Andrés Santana: @Andressantana55