Fábula, Parte 2

El quién ocupara la silla realmente ya no les importaba a los trabajadores, el desencantamiento con la administración y el desentendimiento con sus jefes se convirtió en idiosincrasia. Fruto de la incultura de sus habitantes, en esta hacienda nació un “Robin Hood”, quien ofreciendo aquello que “los de arriba” dejaron de suplir (trabajos y dinero), se ganó el favor de su gente. Sin embargo, su riqueza provenía de fuentes ilegítimas que terminaron de complicar la distribución de las parcelas de la Libertad, pues ambicioso como era, acaparó grandes extensiones territoriales y popularizó esta práctica. Pero como sus cultivos eran prohibidos en todas las haciendas, condenó a la Libertad a ser estigmatizada. Las reacciones de las primeras vigilancias privadas (ahora clandestinas) ante la aparición de este nuevo actor y la encarnizada lucha de ambos contra las dinastías, propició el ambiente para el surgimiento de nuevas vigilancias privadas para supuestamente hacer lo que la vigilancia pública no hizo.

Simultáneamente, producto de las virtudes aún latentes en la hacienda, una serie de hombres que reencarnaron la esperanza se levantaron contra la connivencia con lo incorrecto y la moral flexible imperantes en la hacienda. Algunas vigilancias privadas se intentaron reconciliar con la administración de la hacienda a cambio de la posibilidad real de poder ocupar la tan anhelada silla, llegando a un acuerdo en la parcela de Corinto.Pero este acuerdo resultó ser más frágil que la identidad de los habitantes de la Libertad y una vez roto el acuerdo,  miembros de estas vigilancias privadas se tomaron la casa de la Señora Justicia en un hecho sin precedentes, que además sería una de las ocasiones más notorias en que la vigilancia pública se hizo la de la vista gorda ante el holocausto que se vivía y aún hoy no puede justificar por qué varios de los miembros que entraron en dicha casa salieron vivos y luego aparecieron muertos dentro de la misma, como por arte de magia. Pero como era tradición, no pasó nada, porque los herederos de las dinastías hábilmente desviaron la atención de los habitantes hacia lo único que parece interesarles realmente, el fútbol.

Tiempo después, cuando la posibilidad de que alguien diferente a las dinastías ocupara la silla se hizo más real, en la hacienda se recordaron las costumbres que les heredaron sus padres.Así se revivieron las persecuciones, amenazas y vergonzosamente no solo se retomó sino que se llevó a su máxima expresión una práctica casi olvidada, el Magnicidio y mientras uno tras otro caía se perpetuaba en la hacienda algo no tan echado al olvido, la impunidad.Vigilancias privadas, vigilancia pública, dinastías o“Robin Hood”, ya no se sabía de dónde provenían estas amenazas, persecuciones, secuestros (que ya no eran exclusivos de un actor) y asesinatos, dejando en evidencia que la justicia no era una virtud en este lugar.

Bastante tarde fue cuando en la hacienda se dieron cuenta que su “Robin Hood” era una de las personas más poderosas de la Libertad y que su influencia se había diseminado como una enfermedad que infectó a todos en un mayor o menor grado: vigilancia pública, dinastías y trabajadores. Hasta tenía un zoológico, ocupó un lugar en la mesa de toma de decisiones y cuando por fin fue juzgado, construyó su propio calabozo del cual, por cierto, se escapó. Pero como de costumbre en la hacienda, cuando las dinastías percibieron como indeseable a dicho individuo lo eliminaron, así las dinastías, la vigilancia pública y algunas vigilancias privadas se aliaron y como en épocas de antaño, todo se permitía cuando se trataba de un enemigo común.

Mientras esto sucedía la dinastía Libre dejaba de gobernar la hacienda como un feudo y constituyó lo que llamó Mercado Libre, que de ahora en adelante sería el encargado de redistribuir las parcelas. Nuevamente, víctimas de su incultura, los habitantes de la Libertad descubrieron que los usos que daban a sus parcelas no eran tan creativos como pensaban y por lo tanto su posición no fue tan cómoda cuando se le comparó con las demás haciendas.

Aun estando muerto, el síndrome de “Robin Hood” y su legado infectó a las dinastías. Incluso del zoológico que les heredó se escapó un elefante que montó en la silla a uno de los miembros de la dinastía Libre y al siguiente período hasta un burro llegó a ser administrador. Tan burro que los herederos del viejo primo Común se aprovecharon del momento y montaron un circo al que llamaron Caguán; y en el presente son los delfines los que quieren administrar.

Por fin llegó alguien que veía la hacienda como lo que era, una hacienda, y la manejó a su antojo. Elevado con el favor de los trabajadores por su promesa de acabar con todas las vigilancias privadas, este patriarca ocupó la silla hasta por el doble del tiempo de lo que lo venían haciendo los anteriores administradores, pues era muy popular y acostumbraba visitar todas las parcelas, hablar con la gente y repartir arroces. Pero en su administración no desaparecieron las mentiras, desaparecieron sí las personas, la transparencia y los principios; y se incluyeron términos como falsos positivos, chuzadas y compra de votos, en el lenguaje coloquial de los trabajadores.

Rehusándose a abandonar la silla este administrador creó su propio doble al que buscó posicionar en la misma con el aval de la dinastía Carca. Pero su pequeño doble resultó no ser tan popular, lo que lo obligó a aceptar aliarse con un muñeco vacilante. Este último terminó “traicionándolo”,a su pequeño doble lo enviaron al calabozo y ahora este patriarca desesperado, en su otoño, se dedica a trinar en contra de quienes una vez lo apoyaron y ahora se tomaron sus banderas para llegar a la silla y aferrarse a ella. Y cuentan que ahora repite la historia con un doble menos (bien) parecido.

Así la Hacienda de la Libertad siempre ha sido prisionera de sus habitantes y su incultura. Un lugar en donde una cosa es lo que dicen los estatutos y otra es la realidad, finalmente, el papel, así como esta hacienda, aguanta todo. Mientras tanto sus habitantes seguimos glorificando un pasado de absurdos y cada vez más nos olvidamos de aquellos que han trabajado honestamente.

Estas líneas no pretenden más que evocar la profunda desazón y tristeza por haber olvidado que todos hemos nacido en un mismo suelo y nos seguimos matando por ignorantes, ignorantes de nuestra historia, casi condenados a repetirla.

 

Por Andrés Santana: @Andressantana55