La cosa nostra a la criolla

No hay duda que las organizaciones criminales de distinta índole, que han existido y existen a lo largo y ancho de nuestro territorio, han perjudicado ampliamente al país. Sin duda las guerrillas de izquierda, los grupos paramilitares, los carteles de la droga, las bandas criminales, etc, con sus actividades ilícitas, han diseminado ampliamente la violencia y la inseguridad, y por eso mismo han recibido el peso como culpables de los males que aquejan al país. Sin embargo, no menos culpables de los problemas nacionales son los funcionarios estatales que se reparten prebendas para querer quedarse en el poder y beneficiar sus propios intereses y ego. Simplemente parásitos que viven en función de las arcas estatales y se interesan poco por la eficiencia en el funcionamiento de éste.

Un ejemplo de ésta ya tradición nacional se puede observar en la procuraduría, donde la feria de puestos a nivel nacional y regional a amigos y allegados de los senadores y magistrados a cambio de los favores necesarios para la reelección del actual procurador, más que una actividad de estadistas parece negociaciones propias de mafiosos. Nada más preocupante para la institucionalidad de un país que a aquellas entidades diseñadas para controlar y vigilar al Estado se halla dejado tentar por los cantos de sirena del poder. La institución destinada a atarnos al mástil y evitar que sucumbamos en los mares del clientelismo se dejó seducir por éste y vamos directo a la catástrofe institucional.

Más allá de las posiciones ultraconservadoras del actual procurador, que minan la laicidad del Estado consagrada en el constitución del 91, y de las cuales se podría escribir un extenso memorial de agravios por parte de los grupos excluidos como las mujeres o la población LGBT, lo que critico del procurador aquí es su forma particular de entender sus funciones y los mecanismos necesarios para aferrarse al poder. Resulta pues un poco extraño que mientras actúa con celeridad en ciertos casos, las investigaciones que involucran sus amigos cercanos e ideológicos estén algo retrasadas. Levanta suspicacias que el proceso de la DNE lleve varios años de paro judicial bajo el mando de este procurador y más cuando son los hermanos godos, fieles aliados del señor Ordóñez, los untados en este proceso.

El actual jefe del ministerio público parece más preocupado en mantenerse en el poder que por sus verdaderas funciones. Actúa como el jefe de familia, pero no de la familia cristiana de papá, mamá, hijo y perro que tanto defiende este bonachón personaje, sino como jefe de una familia de la mafia italiana. Al mejor estilo de don Vito Corleone, el procurador reparte favores entre sus queridos ahijados, los magistrados y senadores, a cambio de favores futuros, una postulación para la terna de uno que le asegure su reelección o un votico que la termine de concretar. Pero quien los puede culpar, tal vez el procurador les hizo una oferta que no podían rechazar y más en un país donde la frase “hagámonos pasito” parece ser el lema nacional.

Por Dario Romero @DarioARomero