La genética de nuestro apellido

El otro día mientras viajaba en autobús tuve la oportunidad de retomar una de esas ideas que después de tantos años de ser predicadas se ha convertido casi que en máxima en nuestra sociedad colombiana. Al parecer, existe en nuestra sociedad un consenso sobre la explicación de los problemas que hemos tenido para salir adelante como república. La idea en resumen es que, dado que fuimos colonizados por los españoles estamos condenados a ser el país que somos, lo que en otras palabras implica que nuestros problemas del presente son resultado esencialmente de nuestro pasado. Claramente, presume la gente, si hubiéramos sido conquistados por los ingleses seríamos igual o incluso mejores que nuestros vecinos del norte.

La idea en cuestión tiene muchas explicaciones, unos dicen que los españoles que vinieron aquí no querían establecerse y por eso no crearon buenos asentamientos, otros dicen que simplemente la cultura heredada de los españoles no es una cultura que busque el progreso como si lo hace la cultura de los ingleses, entre otras más. Sin embargo, la que más me llama la atención y la que hoy quiero desarrollar en esta corta columna es aquella que argumenta que nuestra sociedad no avanza porque proviene principalmente de ladrones y personas sin “dignos valores”.

Después de pensar durante todo el trayecto del bus y mientras escuchaba al padre instruyendo a su hijo, me llegó a la mente una costumbre tan despreciable que algunos en esta sociedad poseen y que, por suerte la juventud de hoy ya ha ido perdiendo, y es aquella de preguntar el apellido. ¿Eres Camargo de Bogotá o de Santander? Ah no me digas ¿Los Rodríguez de Antioquia? Ah sí claro, tú eres de los Méndez de Cartagena, por supuesto. No pude evitar relacionar este escaneo genético con la idea de nuestro pasado español. ¿No puede ser posible que esta costumbre tenga sus raíces en la misma idea que nos hace pensar que venimos de ladrones? Creo que no es tan descabellado pensarlo, pues siendo sinceros, no creo que nuestro apellido pueda decir mucho de nuestro pasado y menos de nuestro futuro.

Vale la pena aclarar que no pretendo en esta pequeña columna decir que nuestra herencia española nada tiene que ver con nuestro presente, ni tampoco pretendo crear mi propia máxima. Sin embargo, sí quiero ilustrar como podemos estar otorgándole un peso que no merece a un factor que puede llegar a ser irrelevante. En primer lugar, para dejar de sentirnos tan especiales en el mundo, no somos los únicos provenientes de un prestigioso linaje de ladrones, existe un país que cuyos fundadores puede afirmarse fueron completamente delincuentes y además eran británicos.

Después de la independencia de los Estados Unidos, Australia se convirtió en el espacio territorial de Gran Bretaña para enviar presos. El 26 de Enero de 1788 llegaron a la bahía Este once barcos provenientes de Gran Bretaña, su cargamento, individuos acusados de crímenes tan graves como para condenarlos a muerte. Este grupo de personas se establecieron en un sitio al que llamaron Sydney Cove, y que se convertiría décadas más tarde en lo que hoy  es una de las ciudades más novedosas del mundo, Sidney. El caso Australiano muestra que aun si provenimos de la clase más baja de España, si somos los tátara nietos del ladrón más grande de la España colonial, si nuestro apellido no es de un Don o de un duque o general, no estamos condenados a estar estancados en nuestro estatus social para siempre. No obstante, si bien Australia es perfecta para ilustrar una parte del argumento, aún falta una parte importante, eran británicos y quien sabe, tal vez por eso pudieron superar su pasado.

Tenemos muy cerca otro país que fue habitado principalmente por británicos. Belice fue un país inicialmente colonizado por españoles, quienes al ver la poca cantidad de recursos que ofrecía la zona migraron a otras áreas de Centro América. Los británicos, principalmente piratas, tomaron la zona y crearon asentamientos. La mayor parte del siglo XIX y XX estuvo bajo el control del imperio británico. Hoy en día, este país infortunadamente no goza de la prosperidad que Australia posee, con un PIB PPP per cápita por debajo de la mayor parte de los países Latinoamericanos y un índice de desarrollo humano de 0.7 está lejos de alcanzar los niveles de las demás colonias Británicas.

De este modo, los ejemplos de Australia y Belice ilustran de buena forma que la explicación de nuestros problemas de hoy día no se deben principalmente a nuestro pasado de ladrones, sino tal vez a otros aspectos relevantes tales como las instituciones o nuestra falta de progreso, etc. Tal vez ya es hora de que dejemos de culpar al pasado y comencemos asumir los problemas del presente como las personas que somos hoy.

He llegado a comparar la vieja costumbre de nuestra sociedad de preguntar apellidos con un sistema de castas como el de la India, colonia británica por cierto. En nuestro caso, si nuestro apellido no es proveniente de aquel sitio mágico donde solo hubo inmigración de la más distintísima clase aria, de la cual el mismo Hitler hubiera estado orgulloso, entonces no tiene sentido intentar progresar pues nuestros genes nos condenan, como lo dijo el nobel colombiano “todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Por Nicolás Camargo: @ncamarmo

Referencias

Acemoglu,D. Robinson, J. Por qué fracasas los países. Capítulo 10. Edición 4. Editorial Grupo Planeta.