La paradoja del fútbol como negocio

 

Si usted es el dueño, o al menos quisiera serlo, de acciones o derechos de un equipo de fútbol, seguramente ya sabe que no debería estar a la espera de altos rendimientos; por el contrario, no debería sorprenderle que su inversión vaya perdiendo valor monetario con el pasar de las jornadas. Tenga en cuenta que las utilidades de los clubes de fútbol no se comportan de la misma manera que las del resto del mercado, por lo tanto, las valorizaciones respecto a los éxitos del equipo parecen tener una correlación nula o negativa. Si un equipo es uno de los más exitosos en su país, o en su continente, agota boletería cada fin de semana, recibe patrocinios por sumas millonarias y premios monetarios por sus éxitos, entonces ¿por qué ante mejores resultados en la parte deportiva, la inversión sigue presentando un comportamiento bajista?

Los hinchas no dejamos de exigir en cuanto a inversión se trata, si mi equipo favorito fue campeón de su liga local, mi deseo como hincha es poder repetir la sensación de éxito la temporada siguiente y los directivos lo saben, por lo cual las inversiones no se pueden hacer esperar. Mejores jugadores deben llegar a la plantilla, hay que subirles el salario, otorgarles premios, el estadio debe ser mejorado. El equipo, al ser campeón, posiblemente necesita ampliar su plantilla para poder tener el mismo rendimiento en los torneos internacionales, simultáneamente con las competiciones locales. Sin embargo, el hincha aspira que lo ganen todo y no le importa el precio necesario para obtener el éxito.

Por el contrario, ante el fracaso de un par de jornadas o la falta de inversión, muchos dejan de ir al estadio, ya no compran la indumentaria del equipo ese semestre, no van a ver el partido y reprocharán los gastos que el club haya hecho. Para dar un ejemplo basta darle una mirada al fútbol colombiano, la afluencia al estadio Atanasio Girardot después de que Atlético Nacional fuera eliminado de la Copa Libertadores del presente año, cayó más fuerte y rápidamente que el precio de mercado de la acción de una empresa que ha sido intervenida; sin embargo, los salarios de las estrellas no se ajustan ante esto, ni se dejan de pagar mientras el equipo retoma un nivel competitivo. También está el caso de Santa Fe, que a pesar de ser el último campeón del fútbol profesional colombiano decidió no meterse la mano al bolsillo y la afición respondió de la misma manera.

Pero esto no ocurre sólo en Suramérica, si se mira el comportamiento de la acción de Manchester United desde que se listó en la bolsa de Nueva York (-9.28% al 15 de noviembre de 2012), nos damos cuenta que inclusive los más exitosos en la cancha no están exentos de tener desvalorizaciones y que por el contrario, entre más grande es el club, parece que se derrumba con mayor facilidad la premisa de “el fútbol como gran negocio”. Otro ejemplo de un grande con participación bursátil es la “Vecchia Signora”, como se le conoce a la Juventus de Turín, uno de los clubes más exitosos de la historia y que cotiza en la bolsa italiana desde hace más de 10 años. Desde su emisión, se ha presentado un retroceso en su precio superior al 80%, aunque el caso Juventus F.C. es más entendible debido a los escándalos y su posterior descenso a la serie B.

Sin necesidad de ir a los estados de resultados de los clubes de fútbol, en general, las utilidades que un negocio medianamente exitoso genera en otro sector diferente al deporte, son ampliamente superiores a las de los clubes de fútbol. En su libro “El Fútbol es así (soccernomics)” Kuper y Szymanski compararon, utilizando datos de 2008, las utilidades del Manchester United (catalogado como el club más rico del mundo, según Forbes) con las de la empresa más pequeña listada en el S&P 500, TIMET, y el resultado fue que los beneficios de la empresa con sede en Dallas fueron más del doble que los de este mundialmente reconocido club. Posiblemente una de las tantas razones por la cual ocurre esta disparidad, es que las empresas, a diferencia de los clubes, se toman un tiempo prudente para elegir a sus directivos, mientas que los clubes toman estas decisiones apresuradamente y en muchos casos sin basarse en suficiente información que les permita obtener buenos resultados a mediano y largo plazo.

No obstante, existen excepciones, clubes que han podido mantener estados de resultados saludables, acompañados de buenos resultados en el campo de juego. Algunos de los más destacables son el Olimpique de Lyon, el Nottingham Forest (actualmente segunda división del Reino Unido) y en la actualidad, el F.C Porto, que ha utilizado su excelente gestión de talento para convertirse en uno de los principales trampolines de jugadores a los mejores clubes del viejo continente, beneficiándose de estas costosas transferencias.

Es complicado entender qué es más saludable financieramente para un equipo de fútbol, si ganar o perder, si clasificar o no clasificar o si es mejor estar en la segunda división que en la primera. Este es el caso de equipos como el Unión Magdalena, que hace parte de la segunda categoría del fútbol Colombiano y a pesar de esto recibe ingresos por derechos televisivos, al pertenecer a la Dimayor, y sus gastos son mucho menores que los de un equipo de primera división. Otra de las razones en contra del fútbol como negocio, es que a pesar de estar vigilados por entidades de control, los equipos de fútbol, en casi todos los casos logran regatear con facilidad las sanciones, que sí se le aplican a otras empresas por el incumplimiento de obligaciones, como lo son el pago de nómina, dando lugar a un posible brote de riesgo moral.

En conclusión, la decisión de invertir en un equipo de fútbol no puede ser tan apresurada como lo es generalmente la elección de un nuevo entrenador y hay que tener en cuenta que los resultados económicos no van a depender completamente de lo que acontece en 90 minutos. Sin embargo, aclaro que gran parte de estos fútbol-inversores, lo hacen por la utilidad que les representa hacer parte de algo que el dinero no puede comprar y que sólo quienes respiran fútbol saben que esto traspasa los fines lucrativos.

Adicionalmente, es pertinente aclarar que este artículo trata el negocio de los clubes de fútbol, mas no de todo el andamiaje que en realidad rodea al fútbol como bares, venta de productos alusivos, servicios televisivos y otros.