No es nada bailar sino dar la vuelta

Pensemos por un momento que se logra firmar un acuerdo de paz en la Habana, en ese momento entraríamos en la tan mencionada “etapa de post-conflicto”. Muchos están preocupados por ese nuevo período en el que entraría nuestra patria y mucho se ha hablado acerca de reconciliación, reparación de víctimas, justicia, perdón y verdad – incluso he leído columnas dedicadas a hablar del apoyo psicológico que necesitarán los futuros excombatientes -,  pero veo con gran preocupación que muy pocos están pensando en la inserción económica de estos ciudadanos.

Estamos cerca de la paz, y no se necesita mucho para darse cuenta que ésta solo será real y sostenible si logramos garantizarles a los excombatientes una manera digna ¡y legal! de llevar el sustento a sus hogares. Obviamente se necesitan cubrir muchos otros aspectos principalmente relacionados con la reconciliación (al respecto ya se está desarrollando una interesante iniciativa llamada Reconciliación Colombia) y con solucionar las fuentes del conflicto, el objetivo de esta columna no es negarlo, pero considero que el pilar olvidado es de suma importancia, y es precisamente eso ¡UN PILAR PARA LA PAZ!, relegarlo solo llevará a un aumento de los índices de pobreza y delincuencia una vez concluido el conflicto armado.

Surge entonces una duda: ¿en qué se pueden emplear? Para responder esta pregunta debemos hacernos otra ¿qué cualidades han desarrollado estos ciudadanos que puedan ser útiles para la sociedad? A mí se me ocurren dos: conocimiento exhaustivo de nuestras selvas – y por qué no de sus ecosistemas, al fin de cuentas han tenido que sobrevivir en ellos – y del negocio de la minería. Entonces, tenemos dos industrias en las cuales pueden ser productivos: turismo y minería.

En cuanto al turismo, sabemos que en el mundo hay muchos turistas “mochileros”, aventureros y que les encanta el llamado ecoturismo; que les llama muchísimo la atención conocer los exóticos paisajes que no tienen en sus países y que Colombia tiene por montones; sin grupos armados ilegales custodiándolos, podríamos explotar al máximo esta maravillosa cualidad de nuestro país y los guías predilectos serían aquellos que vivieron parte de su vida conociendo y sobreviviendo estos ambientes. En este punto queda claro que el apoyo del sector privado será esencial en esta transición, así como lo ha sido para el caso de Medellín, afortunadamente ya han manifestado su apoyo en este proceso.

En lo que se refiere a la minería, es innegable que ellos conocen muy bien este negocio, en especial sus falencias porque se aprovechan de ellas para practicarlo de manera ilegal; así que en este punto podrían hacer un gran aporte, incluso ¿por qué no considerarlos como posibles concesionarios? Sin duda, si esto pasa, se requerirá capacitación y muchísima regulación para garantizar que se respete la seguridad de los mineros, el medio ambiente y todas las normas que esta actividad requiere. En este punto probablemente pensarán que estoy loca, pero solo pienso que es una opción y que es el momento de empezar a considerarlas todas.

Sin duda habrá quienes aun garantizándoles una actividad legal rentable decidan seguir por el camino de la ilegalidad y la delincuencia, ese miedo lo tienen muchos ciudadanos y es totalmente entendible si tenemos en cuenta que la situación de inseguridad (o al menos la sensación de ella) en ciudades como Bogotá ya llega a niveles insoportables. La solución teórica de esto es volver menos rentable la opción de delincuencia en comparación a las alternativas que tendrán que ser ofrecidas por el Gobierno de turno, y una manera de hacerlo es haciendo más costoso ser ilegal aumentando la probabilidad de ser agarrado y condenado. Es muy fácil decirlo, pero en la práctica no será tan fácil no solo por la cantidad de recursos que esto requiere sino también por la falta de credibilidad y confianza que la mayoría de colombianos siente hacía la policía en general i.e. tanto en la institución como tal como en sus exponentes.

En todo este asunto no es nada (solo) bailar (firmar la paz) sino dar la vuelta (construir un post-conflicto exitoso). La transición hacia una paz sostenible no será fácil ni barata y habrá que tener en cuenta muchos aspectos y detalles que determinarán el éxito de esa transición, y aunque aún no estemos en ella hay que empezar a prepararla seriamente pensando en las políticas, leyes y planes de contingencia que apoyarán este proceso. No podemos esperar estar ahí para empezar a pensar qué hacer, porque entonces nuestros queridos congresistas y policymakers terminaran formulando leyes y políticas a la carrera para ir “tapando huecos” (como siempre), hecho que inevitablemente traerá efectos no previstos ni deseados abriendo así otros “huecos”.

Así que querido lector, le ruego que (i) vote mañana (Domingo 9 de marzo) – y en las presidenciales – y (ii) lo haga conscientemente y teniendo muy claro que las personas que están siendo elegidas para el próximo Congreso y Cámara tendrán la responsabilidad de construir el marco legislativo del posible período de post-conflicto y que muy probablemente será también un Congreso constituyente, no por nada pesos pesados de la política nacional como Horacio Serpa y Álvaro Uribe han decidido meterse ahí a como de lugar, dejando de ser cabezas de ratón para incluirse una vez más en la cola del león, Dios nos ayude y quiera, que contrario a lo que dicen encuestas de miedo, el segundo personaje no logre meter una cuantiosa bancada.

Por Andrea Atencio: @AndreaAtencio