“No por Madre, la Sierra es puta”

 

En una columna de opinión en El Espectador de Octubre del año pasado, Catalina Ruiz-Navarro dijo “(…) es hora de que el gobierno y el sector privado sepan que no por Madre, la Sierra es puta”, en relación a la posibilidad de construir un hotel siete estrellas por Arrecifes S.A. junto con la empresa de ecoturismo Six Senses en el Parque Tayrona. Casi un año después de que el Gobierno asegurara que el proyecto estaba “muerto”, los promotores del mismo afirman que la iniciativa está marchando y que ya invirtieron dos millones de dólares en los estudios iniciales.

Cuando se desató la polémica respecto a este tema, los cuatro pueblos indígenas que se encuentran ubicados en la Sierra Nevada de Santa Marta, Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, fueron enfáticos en rechazar este proyecto. Aunque en esta zona no se encuentre la figura jurídica de resguardos indígenas, sí son territorios sagrados para ellos. Para los indígenas, el ordenamiento territorial tiene dos partes: lo espiritual, que se refiere al pensamiento; y lo físico, que se refiere a la tierra.

Una de las principales actividades que vulneran los derechos de los pueblos indígenas es el saqueo de los bosques por distintos tipos de inversionistas. La ONIC (Organización Nacional Indígena del Cauca), en el 2010, argumenta que más del 80% de sus territorios han sido dados en concesión, sin consulta previa, para la implementación de proyectos económicos. Entre los procesos controvertidos de consulta previa en Colombia se destaca el conflicto con los pueblos indígenas Kogui, Arhuaco y Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta por la represa del río Ranchería y el puerto multipropósito de Dibulla; y el más reciente: la posible construcción del hotel siete estrellas en el Parque Tayrona. La zona donde se planea construir el nuevo complejo hotelero queda dentro de lo que se denomina la ‘línea negra’, zona ratificada como territorio de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada. Todo proyecto dentro de esa línea debe ser consultado con los cuatro cabildos (las autoridades tradicionales).

Un año después de la polémica y el rechazo al proyecto, me resulta bastante curioso (por no decir sospechoso), que los pueblos Kogui, Arhuaco y Wiwa avalen el proyecto, teniendo en cuenta la importancia que tiene el Territorio Ancestral y sus Sitios Sagrados para su existencia como pueblos. Razón por la cual, el pueblo Kankuamo hizo un pronunciamiento público reiterando su desacuerdo con el proyecto: “Para nosotros el territorio contiene el código de la Ley de Origen como eje central de nuestras vidas y de nuestra existencia cultural, por ello al afectarse el territorio se afecta y se desconoce también esta ley que es la base y fundamento de nuestra existencia como pueblos y de nuestra cultura”.

¿Por qué tres de los cuatro pueblos indígenas aprueban un proyecto, aun cuando esto va en contravía del reconocimiento de sus tierras como sagradas, teniendo en cuenta que un año antes lo rechazaron radicalmente? No lo sé… No me atrevería a decir que están recibiendo algún tipo de “beneficio” dado por las empresas Arrecifes S.A. y Six Senses por aprobar el proyecto. Dejo planteada la pregunta para que saquen sus propias conclusiones.

Sin embargo, para mí el problema no termina ahí. Siendo samaria puede resultar un poco incómodo lo que voy a decir, pero debo intentar ser lo más objetiva posible, y es que en Colombia estamos acostumbrados a que las riquezas del país se vendan al mejor postor, en este caso, a algunas de las familias pertenecientes a la élite samaria. A lo único que contribuye esto es a que la riqueza siga concentrándose en manos de unos pocos, aumentando la desigualdad e impidiendo la distribución equitativa de unas riquezas que nos pertenecen a todos, un patrimonio natural y cultural como lo es el Parque Tayrona.

No podemos permitir la explotación de los recursos naturales y ecosistemas para beneficiar a la élite. El interés debe ser el de conservar y preservar los recursos naturales del país y la salud de los ecosistemas. No creo en este proyecto, no creo que esto traiga beneficios ambientales, no creo que esto nos beneficie a todos. No a la privatización de los recursos naturales. La Sierra es la Madre para los indígenas, pero no una madre que se vende, ¡no es una puta! Ese es el principal problema para mí: las riquezas del país no se venden, no son negociables.

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Imagen cortesia de http://www.colombiapasajes.com

 

Por Natalia Lemus: @NataliaLemusV