Paros y desarrollo económico ¿A qué jugamos?

Las noticias sobre paros suelen leerse hoy por hoy principalmente en términos de la confrontación política izquierda-derecha (o del bien y el mal) derivada de los diálogos de paz. No obstante, hay algo de fondo muy importante. Ocampo publicó una nota en El Espectador resumiendo el problema: el modelo de desarrollo elegido en la última década está acabando la industria (y el campo). Esto es algo que se podía esperar fácilmente, ¿cuál es el juego entonces del Gobierno?

La política económica del último decenio puede resumirse en lo siguiente: apertura, minerales y subsidios. La apertura, en términos de los TLC, busca mejorar la calidad de productos disponibles en el mercado y competitividad del país en el mediano y largo plazo; esto tiene un costo fuerte y es desbaratar la industria nacional basada en pequeñas empresas y poner en jaque muchos renglones del campo. La locomotora minera busca conseguir recursos de la forma más sencilla posible, eso con el costo ambiental que “poco importa” pero además con otro golpe fuerte en términos ‘económicos’ y es el ingreso masivo de divisas que ha generado una fuerte revaluación; esto también destroza sectores como la agricultura y la industria. Estos recursos extra tienen un destino claro: acabar con la pobreza lo más rápido posible mediante subsidios y tratar de invertir en infraestructura y educación.

La política ciertamente es una apuesta frente a la otra opción posible: mantener un sistema proteccionista fuerte y una tasa de cambio favorable y buscar erradicar la pobreza mediante la generación de empleo de baja calidad por parte del sector privado. Esto es lo que hacen otros países como el caso de Bangladesh, célebre por los derrumbes de fábricas con trabajadores en su interior ¿Qué tan viable es esta opción en el siglo XXI para un país latinoamericano? No es fácil saber cuál es la mejor opción.

La destrucción de la industria quiere decir que muchos empleos se pierden; se espera que estos empleos pueden moverse a otros sectores como el ‘retail’ y otra clase de servicios, al estilo de los países europeos o EEUU. No obstante, implica destruir capital humano desarrollado durante años. Productos de primera calidad en textiles, calzado, entre otros, están siendo reemplazados por productos malos pero con mejores marcas o excesivamente baratos. Por otra parte, la guerra en el campo sigue igual. Cualquier esperanza de conquistar mercados está aniquilada con la importación de productos subsidiados, lo que implica que cada vez serán peores los empleos del campo ¿Toda esta destrucción se está viendo recompensada en mejores vías, calidad de vida en las ciudades y una población mejor educada?, ¿en dónde vamos a emplear a toda esa gente que tiene habilidades útiles para el campo o la industria pesada y no para las ventas o los ‘call centers’?

Por ahora la estrategia del Gobierno para este y el próximo mandato será la misma: tratar de suavizar el dolor de los perdedores de este juego mediante subsidios y para que su muerte sea lo menos dolorosa posible. Pero, ya que entregamos el café y los textiles, ¿qué va a dar riqueza a Colombia durante este siglo? Tenemos petróleo y una que otra cosa más, pero no mucho. Tarde o temprano tendremos que revisar nuestras cartas.

Revista-Coloquio-La-Muerte-de-la-Industria-y-el-Agro

Por Paul Rodriguez