¿Qué hay que hacer con lo de la industria textil?

Por estos días el ruido sobre el desastre de la industria textil viene creciendo, los gremios y sus empresas han puesto en marcha todo su aparato de lobby y presión mediática. Además, sus reclamos se amplifican junto con las quejas de otros sectores, como el de las flores. ¿Estamos frente a una gran debacle de una industria centenaria?, ¿debe el Gobierno utilizar toda su potencia para evitar semejante hecatombe? Es decir, ¿otra vez proteccionismo?

Además de lo que dicen las personas no informadas, el comercio casi siempre mejora el bienestar de todos los que participan en el mismo (si evitamos pensar en cuestiones de externalidades ambientales y similares). La mayoría de los detalles sobre el tema fueron publicados por Semana. Es cierto que hay medio millón de empleos y que es una cadena vertical muy importante y todo eso, pero si hay que sacudir toda la cadena hay que hacerlo. Que el dólar está subiendo… bueno, no hay mucho que hacer con ello. Que los costos laborales de Colombia son muy altos… eso debe estar relacionado con el costo en general de vivir en Colombia debe ser mayor que en otros países. Que las carreteras son malas… pues a construir plantas cerca a los puertos. Que el contrabando es muy alto… pues es porque son muy altos los aranceles y es muy difícil salvaguardar las fronteras, así que subir aranceles genera más problemas que beneficios. Si bien cada punto de estos puede entrar a analizarse con gran detalle y rebatir mis tenues argumentos, el punto es que para la industria nacional estas variables deben ser consideradas como dadas; la industria colombiana debe dejar atrás su ideal de vivir cómodamente y seguir acostumbrándose al mundo competitivo. Si los dueños de las empresas quieren seguir teniéndolas, pues deben meterle la mano a la innovación tecnológica y comercial y no al bolsillo de los colombianos (vía subsidios y aranceles). Las nuevas contrataciones de mano de obra, más que operarios de máquina plana, deben ser ingenieros o diseñadores industriales, expertos en comercio internacional, expertos en finanzas que les ayuden a cubrirse de los riesgos macroeconómicos, etc.

Por otra parte, el Gobierno debe velar porque los trabajadores del sector no sufran tanto los golpes de la competencia. Si se cierra una empresa es por cuestión de competitividad, pero detrás hay muchas familias que dependen, por ejemplo, del ingreso del operario de máquina plana. En buscar mecanismos que permitan que estos empleados se muevan rápidamente a empresas que necesiten sus habilidades es muy relevante. Por otra parte las pequeñas empresas son negocios que alimentan familias, por lo que la anhelada búsqueda de la competitividad de las Cámaras de Comercio debe estar centrada en promover activamente (no esperar a que alguien llegue) la creación de empresas más grandes que les permita afrontar los retos del mercado. Proexport debe seguir su camino y facilitar los negocios de Colombia con el mundo, de una forma aún más agresiva. La cancillería y el MinComercio deben seguir en su papel de tumbar barreras comerciales en todo el mundo para nuestros productos. En otras palabras, el Gobierno debe suavizar las transiciones, cubrir riesgos y costos de despegue muy altos y aceitar la maquinaria de la competitividad.

Las medidas actuales en parte son útiles ya que “compran tiempo”, permitiendo que los cierres de empresas que no son viables sean graduales o que las empresas dispuestas a afrontar los retos la tengan más fácil (como Frabricato, según el artículo de Semana). No obstante, el Gobierno debe ser enfático en que van a ser transitorias, y que las medidas de proteccionismo permanentes sólo serán para cosas como el sombrero vueltiao.

Por Paul Rodriguez