Redescubriendo a Abraham Lincoln

Notas acerca de la película “Lincoln” de Steven Spielberg

En palabras de Marx, “el rojo mar de la guerra civil” derrotó para siempre el proyecto de una república esclavista sustentada y defendida por los rebeldes Confederados del Sur de los Estados Unidos. Por ocuparse de ese tema, la última película de Steven Spielberg atrae mi interés. Su “Lincoln” representa una mirada franca y critica tanto de esa contienda político-militar, que partió en dos la historia de ese país, como del papel jugado por el gobierno de Abraham Lincoln en la emancipación de los esclavos. En una duración de casi tres horas, todo su interés está centrado en la fase última del complejo proceso de discusión y aprobación de la Decimotercera enmienda a la Constitución Norteamericana, la cual tuvo lugar durante el mes enero de 1865 en la Cámara de Representantes del Congreso Nacional. Luego de una reñida y agitada votación, termina siendo aprobada el día 31 de ese mes, quedando abolida la esclavitud en todo el territorio de los Estados de la Unión. El telón de fondo de dicha producción cinematográfica es la guerra civil en mención, sugerida en forma alegórica por dos fragmentos de batallas: uno, a su comienzo, donde soldados de ambos bandos se enfrentan cuerpo a cuerpo, despedazándose mutuamente, mientras sus despojos se hunden en un fangal, como en el cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”;el otro, al final, el bombardeo a una de las últimas posiciones militares de los confederados del Sur, que significó la derrota de los esclavistas comandados por el general Lee y su posterior rendición el 9 de abril de 1865 ante el general Ulisses Grant, jefe de los ejércitos de Lincoln.

La tensión dramática

El ámbito de la acción y el núcleo de todo el relato visual“Lincoln” está configurado por dos escenarios – instituciones en permanente confrontación política:el presidente Lincoln, de un lado, y del otro, la Cámara de Representantes ya citada. El tejido de situaciones que dan forma a la tensión dramática de esta película está determinado por la abigarrada relación de fuerzas e intereses de clase,pasiones políticas,intrigas e ideales promovidos por hombres y partidos que representan, en ese momento, dos sistemas sociales en abierta pugna: el sistema de la esclavitud de los estados Confederados del Sur, defendido por la mayoría del Partido Demócrata, y el sistema del trabajo libre defendido por los estados del norte de la Unión, controlados también en su mayoría por el partido republicano,el partido de Lincoln, que en sus comienzos en 1854, fue de base popular y democrática. El conflicto que articula todo lo anterior: la titánica lucha por la abolición de la esclavitud y su consagración constitucional como fundamento del trabajo libre, en la manifestación más aguda de la lucha de clases, la guerra civil. “Ni en los Estados Unidos, reza la Decimotercera enmienda así aprobada, ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.”Las imágenes que dan cuenta de este suceso trascendental expresan el clímax de la película de Spielberg que, a los ojos de un lector contemporáneo, puede parecer limitado. Y en efecto, fueron necesarias dos enmiendas más a la constitución nacional, aprobadas en 1866 y 1869, y la Ley de Reconstrucción votada en 1867 – el mismo año en el cual fue fundado el tenebroso KuKluxKlan – con el fin de asegurar la reconstrucción del país, terminada la guerra. Con tales decisiones se buscó enfrentar una “secesión informal”que “persistió durante un siglo, y creó una sociedad rígidamente segregada, hasta el auge del movimiento a favor de la derechos civiles, en la década de 1950” .[1] Sin embargo, la clave de todo el proceso que selló la suerte de la Guerra de Secesión americana y significó la abolición de la esclavitud en ese país, está en la Decimotercera enmienda. Fue la emancipación de los esclavos traducida a términos constitucionales, la que estableció en forma definitiva la garantía del trabajo libre y la continuidad de la vigencia de la república democrática y su primera carta de Derechos del Hombre de 1776.

El “Lincoln” de Spielberg no escamotea en modo alguno la importancia de esa guerra civil como guerra justa y revolucionaria de la que dependía en gran parte el futuro de la civilización y la humanidad, y, en particular, la libertad y la igualdad ante la ley de los negros y emancipados esclavos, contemporáneos de su personaje y los suyos, como también la libertad de los que nacieran a futuro. Terminar esa guerra civil en virtud de un pacto político, sin lograr antes la aprobación en la Cámara de Representantes de la Decimotercera enmienda, tal y como querían los confederados del Sur y hombres cercanos a Lincoln, significaba para éste una capitulación.Ya antes, en septiembre de l862, haciendo uso de sus facultades constitucionales como presidente de los Estados Unidos, había dictado la Proclama de Emancipación de los Esclavos vigente a partir del 1º de enero de 1863, y sin embargo, la guerra de conquista de los esclavistas continuó. No era posible un término medio. El pacto político, en este caso, se convertía en una trampa, ya que la esclavitud y su extensión a todo el país y a otras regiones y naciones de las Américas, seguiría vigente. Era vital e inevitable, en primer lugar, la aprobación de la Decimotercera enmienda, como fue necesaria e inevitable la guerra civil; después, negociar el fin de ésta, o imponer la derrota militar a los esclavistas, como ocurrió luego el 9 de abril de 1865.El 15 de abril de ese año Lincoln moría víctima de un atentado ocurrido el día anterior en el Teatro Ford de Washington, terminando así la vida de un gran político realista del siglo XlX. Era el cierre de su agitado trasegar como líder político y estadista, hombre de paz a quien la guerra civil engrandeció por los fines conquistados en ella, cuya metáfora política la condensa Spielberg en el tratamiento de los últimos cuatro meses de su vida que, para muchos, y me incluyo en ellos, es el logro más notable de su película. Tal capacidad de síntesis es el resultado de un trabajo de doce años de búsquedas formales y materiales, de dilatadas y atentas indagaciones que contaron con el apoyo tanto de su guionista Tony Kushner como de la historiadora Doris Kearns Goodwin, autora de “Team of Rival: The Political Genius of Abraham Lincoln” en el que basó su película. [2] En síntesis, con este nuevo trabajo de Spielberg redescubrimos a Abraham Lincoln como demócrata radical y hombre de acción, y también al hombre como universal concreto, distante y reservado con sus colaboradores, cercano y tierno con sus pocos íntimos, alegre y didáctico en la anécdota, hábil en el diseño de la táctica y la transacción, de voluntad férrea ante el desafío de su vida: la emancipación de los esclavos. Todo dentro del contexto de una guerra que causó un millón de muertes y dejó una honda herida en la memoria colectiva de los norteamericanos.

Otra lectura que permanece

Esa es la lectura que de Lincoln nos brinda Steven Spielberg, por lo demás, ajena a una pretensión biográfica, no sólo porque él lo diga, sino porque así le resultó. La tensión dramática de su producción cinematográfica descrita antes, le viene dada por una inteligente relación entre verdad histórica y verdad ficcional, donde se imponen los códigos del artista y su libertad de imaginación. No estamos ante una crónica. Su Lincoln tiene alma, sufre y conquista con su carácter. Sabe interpretar la condición humana de quienes le rodean. Se recoge y luego avanza, creciendo con la agudización del conflicto. Sabe otear el horizonte, y el futuro le pertenece porque está bien plantado en el presente con sus principios. Su asesinato lo convirtió en mártir, pero quedó en la memoria de su época y también en la nuestra, por haber sido un hombre de ruptura ante los heraldos de la barbarie esclavista.

Esto fue lo que Marx, Engels y la Primera Internacional comprendieron con lucidez pasmosa, dejando sobre los sucesos de la guerra civil americana una lectura materialista que permanece, partiendo de valorar dicho conflicto como la manifestación más aguda de la lucha de clases, como ya se afirmó antes. El mensaje enviado el 7 de enero de 1865 al Presidente Abraham Lincoln por la Junta Central de la Asociación Internacional de Trabajadores, de la cual Marx era uno de sus Secretarios, empieza diciendo lo siguiente: “Felicitamos al pueblo Norteamericano por vuestra reelección por una gran mayoría. Si la resistencia a la potencia esclavista fue la tácita contraseña de vuestra primera elección, el triunfante grito de guerra de vuestra reelección es ¡Muerte a la esclavitud!”. Después de destacar la importancia que para la clase trabajadora tiene la “guerra antiesclavista estadounidense” y señalar la solidaridad que la clase obrera europea ha desplegado en favor de esta lucha, y caracterizar el programa de la “oligarquía de 300.000 propietarios de esclavos” de los estados Confederados del Sur, termina diciendo: “Ella (la clase trabajadora) considera un signo de lo que vendrá, que le haya tocado en suerte a Abraham Lincoln, el sincero hijo de la clase obrera, dirigir al país a través de la inigualada lucha por el rescate de una raza encadenada y la reconstrucción del mundo social”[3]. Luego, en mayo 13 de 1865, esa misma Junta Central envió otro mensaje al presidente de los Estados Unidos, esta vez al señor Andrew Johnson, en el cual sus autores trazan un perfil político y moral de Lincoln, donde su significado histórico queda fuera de toda duda.

Ahora bien, tales mensajes no son documentos sueltos ni de ocasión, sin relación alguna con todo el desarrollo de esa guerra civil. Son, más bien, la culminación de todo un proceso de seguimiento atento y critico al desarrollo y desenlace de dicho conflicto por parte de Marx, contenido en una serie de artículos publicados, unos, en el New York DailyTribune, entre 1861 y 1862, y otros, en el Die Press de Viena, estos últimos en coautoría con Federico Engels, también entre 1861 y 1862. Que hubo un seguimiento permanente de la guerra en mención, lo prueba a su vez la correspondencia entre Carlos Marx y F. Engels, que va de enero de 1860 a abril 23 de 1865. Una lectura atenta de tales documentos, permite al lector, entre otras cosas, descubrir que sus autores siempre tuvieron una actitud crítica ante Abraham Lincoln y las decisiones que tomó durante el curso de la guerra. No hay en ellos una apología de su personalidad política; muy por el contrario, dejaron notas y puntos de vista sobre sus vacilaciones y ambigüedades en momentos decisivos de dicha guerra, pero no fueron mezquinos. Lo vieron crecer políticamente a medida que la guerra se extendía y alargaba su duración en el tiempo, hasta el momento de su posterior reelección  Ello explica el tono enfático de los dos mensajes enviados por la Primera Internacional. Esto se corresponde igualmente con el concepto que Marx tenía de la guerra de los Confederados del Sur, como “una guerra de conquista para extender y perpetuar la esclavitud”. Para él, “el Sur” no era “ni un territorio estrictamente separado geográficamente del Norte, ni una unidad moral.” No era en absoluto un país sino una consigna de lucha [4]. De la lectura de esos artículos y correspondencia es posible sacar varias conclusiones, pero, para el presente caso, solo basta con una: en las sociedades de clases donde impera el régimen capitalista, no hay conquistas irrevocables. En el ayer de ese siglo XlX, una oligarquía propietaria de cerca 4.000.000 de esclavos negros se declaró en rebelión con el fin de establecer una república esclavista, y dejar sin efectos una república democrática y su fundamento constitucional, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos del 4 de julio de 1776. En el presente del siglo XXI, el gobierno del presidente George W. Bush estableció en ese mismo país el uso de la tortura contra los enemigos del estado.En la misma línea de acción, anuló la aplicación del estatuto del debido proceso y derecho de defensa de aquellos sindicados de terrorismo, previamente secuestrados en otros países y confinados luego en el enclave de la base naval de Guantánamo, Cuba, en calidad “de combatientes enemigos”, categoría ésta inexistente en el derecho penal.

 

Por Marino Canizales
Abogado Laboralista, Magister en Filosofía
Profesor Universidad del Valle

 


[1]  John Keegan , “Secesión. La Guerra Civil Americana.” Edt. Turner Noema, 2011, Madrid, pp. 467-469.
[2]  Diario El Tiempo. Bogotá. Entrevista a Steven Spielberg, pag. 6, sección “debes hacer”, enero 27 de 2013.
[3]Todos los artículos y cartas a que hago mención, fueron publicados por primera vez en castellano el 4 de mayo de 1946 dentro de la colección “El pensamiento Marxista” de la Editorial Lautaro, en Buenos Aires, Argentina, con el título “La Guerra Civil en los Estados Unidos”. Dicha compilación fue realizada en New York para un público de habla inglesa, por Richard Enmale, en 1937.
[4] C. Marx y F. Engels, op. Sic. Pag. 106.