Revocatoria de una opción

Existe un adagio popular que dice “lo único que no tiene solución es la muerte, todo lo demás se puede arreglar”. Sin embargo, a veces es posible evidenciar que esta afirmación puede no ser tan cierta. Este es el caso del mandato del alcalde Gustavo Petro, el cual pende de un hilo en estos momentos debido a la fallida capacidad de ejecución, como se evidenció con la restructuración del modelo de recolección de basuras durante el mes de Diciembre de 2012. Esa fue “la gota que derramó el vaso”, ya que varios sectores de la capital venían desde tiempo atrás inconformes con la ineficiencia del mandatario frente a situaciones cruciales que sucedieron en su primer año de gobierno.

Esta situación me hace recordar, a manera de reflexión, las condiciones un poco romanticistas en las que Petro llegó a la alcaldía. En primer lugar, su campaña electoral fue más corta que la de los demás candidatos. Además, debido a que estaba iniciando un movimiento político en ese momento, los recursos y el trabajo eran factores complejos y escasos dado el reducido tiempo y la atareada agenda que tenían, ya que había que sobresalir entre los otros candidatos. Esto quiere decir, que en términos prácticos, sus estrategias y su equipo de trabajo fueron muy eficientes, lo cual podría anunciar un gobierno hábil, siendo ésta su principal fuente de publicidad después de haber ganado las elecciones.

Todo este proceso exitoso de Petro y de su movimiento Progresistas, era la presentación de un fenómeno político y social que el actual alcalde siempre ha utilizado a lo largo de su vida política: ser una opción de gobierno y de vida distinta y viable. Esto ha sido así, ya que siempre fue un aguerrido opositor de los gobiernos de turno, y como todo líder de izquierda se ha basado en un cambio estructural de la economía y de los modelos sociales. Es por esto, que hasta el momento de su elección, el primero de Enero de 2012, Colombia entera era testigo de la llegada al segundo cargo político más importante del país por parte de un hombre que representaba un aparente cambio, por lo menos desde el punto de vista de sus ideales, su discurso y sus propuestas de campaña.

Sin embargo, esa opción por la que se decidieron el 32% del electorado capitalino, ha presentado proyectos que aunque se han caracterizado por ser poco convencionales, no han podido generar una aprobación entre las mayorías y con en el paso de los meses, la popularidad y la imagen de Gustavo Petro ha venido cayendo junto con el ideal de “opción” que lo catalogaba y lo auguraba como un mandatario ejemplar. Esta desaprobación de sus políticas puede ser en parte por la interpretación que le han dado los medios de comunicación y amplios sectores poderosos de la capital y del país, ya que desde el comienzo, los grandes medios informativos y empresarios adversos a sus ideales se encargaron de exaltar las fallas y de anunciar futuros errores y consecuencias negativas de sus proyectos.

Hasta cierto punto esta visión podía tener cierta validez, ya que no se habían evidenciado verdaderas falencias ni situaciones de corrupción e incumplimientos, porque la sociedad creía que después de Samuel Moreno, nadie podía ser peor. Pero así como nada extraordinario ocurría, se empezaron a presentar situaciones de crisis como los ataques a Transmilenio durante las protestas contra la ley 30, en donde la falta de acción por parte del alcalde comenzó a generar dudas en torno a su capacidad para gobernar, así como en otras ocasiones. Esta situación se salió de control cuando la opinión pública y el país en general observaron el desastre que ocasionó el nuevo modelo de recolección de basuras, en donde toda la ciudad salió perjudicada, tomando conciencia de que había un claro error en la gobernabilidad de Gustavo Petro y de manera algo colectiva se emprendió un proceso de revocatoria de gobierno contra el alcalde “incapaz”.

Es ahora cuando la población entró a reflexionar acerca de si la opción adoptada fue la correcta, si el modelo alternativo de Petro correspondía en realidad a algo plausible o a un modelo de ciudad infructuoso, originado a partir de los ideales de los Progresistas. En estos momentos, es claro que la alcaldía de Bogotá está en crisis y que la cabeza visible debe responder por los errores y las consecuencias de sus actos; aunque el proceso de revocatoria de gobierno no llegue a culminarse. Se ha generado una alerta para el alcalde y la sociedad bogotana, en donde es evidente que si las falencias persisten, el pueblo seguirá pagando los platos rotos y no le quedará más remedio a la administración actual que admitir, en primer lugar, que la ciudad y las instituciones siguen devastadas por la administración anterior; y que más que una alternativa diferente, lo que se necesita es dar paso a un proyecto de gobierno complejo pero decidido y sostenible para sacar adelante a la capital colombiana.

Foto: Cortesía de www.bogota.gov.co

 

 Por Héctor Mantilla: @hmantilla0925