Sabiduría Convencional

Toda sociedad guarda en su imaginario colectivo un acervo de axiomas que son ampliamente considerados como verdad. Sin ser totalmente evidente, este cúmulo de afirmaciones influye en las decisiones que tomamos cada día, y más aún, hacen más fácil dicho proceso.

Pensemos por ejemplo en la madre que le ordena al hijo no bañarse en la piscina inmediatamente después de la comida. Dicha madre no necesita comprender los procesos fisiológicos que se producen en el cuerpo luego de comer, ni los riesgos de usar la piscina, ni las probabilidades de morir por ahogo. La acción se ve influenciada por una creencia que indica, de forma prácticamente automática, como proceder ante esa situación.

El economista John Kenneth Galbraith adoptó, en su obra de 1958 “Theaffluentsociety”, el término “sabiduría convencional” para referirse al conjunto de ideas que son apreciadas por su aceptabilidad. De acuerdo con Galbraith, la sabiduría convencional cumple con ciertas características: es simple, es práctica, es cómoda y reconfortante. Es decir, dichas ideas se esparcen y se adoptan alrededor de la sociedad, no necesariamente por ser ciertas, si no por su capacidad de concordar con el interés social, evitar esfuerzos y simplificar el entendimiento de fenómenos complejos que de otra forma no podrían ser comprendidos por el grueso de la sociedad.
Ilustraré la idea de Galbraith con un ejemplo. Por años a los colombianos se nos ha dicho, y hemos incontablemente repetido, que nuestro himno nacional es el segundo más bello del mundo. Resulta que dicha afirmación no es más que una leyenda urbana (de hecho, de acuerdo con el periódico británico The Telegraph, el colombiano es el sexto en la lista de los peores himnos del mundo). Sin embargo, la importancia de este tipo de “mitos” no recae en su valor de verdad, si no en su capacidad de generar un efecto social, como lo son orgullo y patriotismo en este caso.

Sería una total estupidez argumentar que la sabiduría convencional siempre es errada. Sin embargo, atendiendo a la moraleja del cuento de Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”, no tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad y no hay preguntas tontas. Es por ello que pretendemos mediante este espacio, cuestionarnos sobre la validez de esas ideas que hemos adoptado por defecto y evaluar en que contextos pueden no ser ciertos.

Nuestro principal objetivo es poder identificar e individualizar esas “verdades incuestionables” de nuestra sociedad, analizar su efecto en nuestras acciones y decisiones y generar un debate sobre su validez. Es importante aclarar que un análisis exhaustivo sobre dichas ideas excede el propósito de este espacio, sin embargo, prometemos utilizar todas las herramientas a nuestro alcance en la evaluación de nuestra sabiduría convencional.

Bienvenidos a cazar mitos!

 

No hay que ser rico para invertir en Bolsa

Posted by on dic 30, 2013 in Edición 9, Finanzas, Sabiduría Convencional | 2 comments

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El abrigo, la sombrilla y la gripa

Posted by on oct 14, 2013 in Sabiduría Convencional | 0 comments

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