Tranvía en la carrera séptima: ¿capricho o solución?

 

La planeación urbana en el país, casi inexistente, está llena de fracasos y frustraciones que suponen consecuencias serias en el largo plazo que en el mejor de los casos requieren inversiones altas y esfuerzos continuos para ser solucionadas; concentrando la atención en remediar un error pasado y no en atender un problema futuro. Esto genera un círculo vicioso del que han sido víctima la mayoría de ciudades del país y que hoy parece querer cobrar una nueva y recurrente víctima: Bogotá.

El alcalde de la capital del país anunció su intención de construir un tranvía por la carrera séptima bajo el argumento de que el Estado puede mantener el monopolio de los sistemas férreos a diferencia de cualquier otro sistema, olvidando dar razones relacionadas con la necesidad y eficiencia de esta medida en cuanto a los problemas de movilidad de la vía en cuestión.

Entre las razones por las cuales no estoy de acuerdo con el tranvía por la carrera séptima están:

– El costo de oportunidad de destinar cerca de tres billones de pesos* en este proyecto es altísimo y no se ve compensado por sus potenciales beneficios, ya que fuera de la reducción del uso de hidrocarburos, no hay ninguna otra ventaja con respecto a proyectos alternativos. El monto que se empleará en este proyecto representa el 20% del total destinado para la movilidad en Bogotá en el período 2012-2016, y es lo que se necesitaría para construir la primera línea del metro pesado.
– La velocidad promedio aproximada a la cual circularía el tranvía sería de 15km/h*, lo que está por lo menos 10km/h por debajo de la velocidad a la cual se desplaza un transmilenio.
– La demanda que puede atender en horas pico no supera los 10.000* pasajeros por hora en un sentido, lo que es un poco más de la mitad de la demanda actual, lo que sugiere que en muy poco tiempo los problemas de congestión en el sistema serán graves.
– La integración con el resto del sistema de transporte no es clara, y es precisamente la correcta interacción entre los diferentes sistemas de transporte público de una ciudad lo que nos acerca a la solución de movilidad de la misma.

Todo lo anterior, sólo lleva al usuario del oriente de la ciudad que pueda costear un sistema privado de transporte, a hacerlo; y a aquellos que no, a pagar los costos en términos de tiempo de la congestión adicional generada por los primeros y de la lentitud del sistema cuestionado. Por lo que no veo qué tipo de usuario pueda resultar beneficiado por un largo período de tiempo.

Decisiones como la cuestionada en este artículo, que no son tomadas teniendo en cuenta todos los aspectos de la ciudad y una visión a futuro, tienen grandes implicaciones económicas, retrasa el desarrollo integral de la misma y afecta fuertemente su competitividad. En este último aspecto Bogotá se está quedando atrás, y sin una alianza público-privada – que ha demostrado funcionar adecuadamente en ciudades como Medellín y Cali- que acuerde conjuntamente acciones y planes para mejorar la ciudad, se seguirá rezagando. Alianza que se ve cada vez más lejos si tenemos en cuenta el sesgo anti-privado ampliamente demostrado del señor Gustavo Petro.

Yo no estoy en contra de luchar por un objetivo claro, siempre y cuando éste esté bien definido, justificado y la manera de alcanzarlo sea posible técnicamente; pero desafortunadamente no parece ser éste el caso. Y sinceramente, creo que las razones para construir un tranvía no pueden ser sólo ideológicas y en busca de un sistema que independientemente a que pueda ser un monopolio estatal o no, ex ante parece ser ineficiente.

¡No más improvisación! En los últimos ocho años el distrito ha gastado 19.740.529.547** de pesos en tres estudios para proyectos de movilidad que han resultado en cero soluciones y nuevamente estamos frente a una iniciativa sin un estudio que la soporte y miles de dudas al respecto.

No he leído la primera justificación conceptual o técnica de este proyecto por parte del gobierno de la ciudad, depronto me falte leer más, pero considero supremamente necesario que se haga conocer esta información ampliamente a ciudadanos, medios y demás, porque esto nos afecta a todos. Es responsabilidad de la administración actual, convencernos de que esto es lo que necesitamos y demostrarnos que no es sólo un capricho.

Para cerrar, me uno a las declaraciones para la revista Semana de Rosario Córdoba, presidenta del Consejo Privado de Competitividad, “[…] tener un mal sistema de transporte afecta la productividad. Los tiempos de movilización son eternos y eso afecta a las empresas y a la gente. Acá hay mucho por hacer en lo público-privado. Bogotá está estancada en muchas cosas. Las soluciones no son el pico y placa o que la gente no tenga carros. Se necesita un mejor sistema de transporte público, vías, normas claras, y todo eso se hace con planeación y con visión. Bogotá hace años está mal. Y ahora está estancada totalmente. Eso es muy grave porque esta ciudad jala la economía nacional. Si el PIB de Bogotá se cae termina afectando a todo el país.”

* Fuente: SUR, Grupo de Estudios en Sostenibilidad Urbana y Regional. Universidad de los Andes.
**Fuente: IDU 2012