¿y la función de las Organizaciones Internacionales?

Cada ocasión en la que se producen tensiones en el ámbito internacional nos invita a ser testigos de cómo las instituciones multilaterales, creadas y diseñadas con objetivos que incluyen actuar en tales circunstancias, se destacan por su inoperancia e incapacidad para tomar decisiones al respecto.

Y es que no son sólo casos aislados en donde las reglas, protocolos y procedimientos paralizan a organismos como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y todo ese grupo de instituciones que además de todo, resultan bastante costosas y su robusta burocracia les impide un accionar eficaz en escenarios como los que recientemente hemos sido testigos.

En los últimos años la región latinoamericana ha experimentado el surgimiento de múltiples nuevas organizaciones, y las reuniones de presidentes y líderes de la región se repiten con más frecuencia. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)[1] son ejemplos de nuevos espacios que se han creado en la región, nuevamente sus objetivos son nobles y grandilocuentes, sin embargo, en la realidad han quedado limitados a banquetes, fotos y discursos que poco o nada contribuyen al bienestar de los ciudadanos latinoamericanos.

Aunque sin duda hay ejemplos de multilateralismo exitoso en la región (basta recordar que fue la  Cumbre de Río de 2008 la que disipó la posibilidad de un conflicto bélico entre Colombia, Venezuela y Ecuador), estos han sido la excepción y no la regla. Las instituciones son débiles y se han combinado con personalismos en búsqueda de protagonismo y poder, convirtiendo a las cumbres y reuniones más en cortinas de humo mediáticas que en fuente de soluciones y cooperación.

Los ciudadanos cada vez más ven con mayor escepticismo que dichos organismos aporten algo positivo a sus vidas y las cumbres han quedado casi reservadas para las revistas de farándula, desconectadas de las realidades de la región.